En cualquier reunión del sector marítimo-portuario aparece tarde o temprano la misma queja: faltan profesionales con experiencia. Consignatarios, transitarios, terminales y operadores logísticos tienen dificultades para cubrir determinadas posiciones. Sin embargo, al mismo tiempo, cientos de miles de profesionales mayores de 50 años siguen buscando empleo en España. ¿Cómo es posible que convivan ambas realidades?
El mercado laboral español ha mejorado estos últimos años, aunque sigue presentados problemas estructurales como una tasa de paro por encima de la media europea, afectando especialmente a los jóvenes y a los desempleados de larga duración. Otras características son un gran peso del sector servicios, una gran dependencia de la población extranjera para el crecimiento de la ocupación y, mayoritariamente, un incremento del empleo en sectores de baja productividad.
La pirámide poblacional española deriva en falta de mano de obra a todos los niveles, y aunque se supla parcialmente con la inmigración, es insuficiente para cubrir todas las necesidades y para políticas de empleo a medio y largo plazo. Vamos a aportar algunas cifras al debate:
Según la EPA, a finales de 2025 había en España alrededor de 755.000 personas desempleadas mayores de 50 años, que representaban casi un tercio del total de parados del país.
Otras fuentes como el SEPE, sitúan la barrera de cálculo en los 45 años, y estos representaban casi el 60% del total de parados. Y si hablamos de género, el desempleo femenino en esa franja es casi el triple que el masculino. Una realidad que merece una profunda reflexión.
El término edadismo, viene del vocablo inglés “ageism” y alude a los estereotipos, prejuicios y conductas discriminatorias hacia personas o grupos por motivos de edad. Estas cifras demuestran que el edadismo sigue presente en nuestra sociedad y, por supuesto, en nuestro sector. Hombres y mujeres, que conocen la normativa, han gestionado crisis y han vivido transformaciones tecnológicas, y poseen redes de contacto, cuando pierden su empleo a partir de los 50 años empiezan un viacrucis muy desgastante para tratar de volver a trabajar, siendo ignorados en muchos de los procesos de selección en los que quieren participar, y en bastantes casos, acaban aceptando salarios y posiciones por debajo de su valía, o recluidos en una espiral que acaba en el desempleo subsidiado hasta la jubilación forzosa.