Con los ecos de las competiciones deportivas (incluida la increíble remontada de los Knicks), me pongo ante la pantalla para escribir estas líneas y solo puedo decir: ¿habéis visto la última de Zendaya? Oye, grata sorpresa. No hay como enfrentarse a una película con el desconocimiento máximo, no hay prejuicios, no hay expectativas, todo bien. ¿Que luego es un bodrio? no pasa nada... ¿Qué te gusta y da para debate posterior? ideal. ¿Se podría aplicar esta práctica en el día a día empresarial? No creo.
La previsión siempre es bienvenida por los operadores de la cadena logística porque facilita la planificación, acorta plazos y reduce costes; de ahí que la situación global en la que vivimos desde hace seis años no haga más que acrecentar nuestra tensión (la mala).
Está claro que el comercio internacional no se resiente (nos lo dicen las cifras oficiales de la Organización Mundial del Comercio), pero las personas que hacen posible esa actividad, sí.
En este escenario, mañana arranca en Róterdam la feria, para mí, más contundente del calendario actual: Breakbulk Europe. Negocio, volumen, exigencias, especialización... todo es gigante cuando hablamos del sector que se reunirá esta semana en este evento profesional. La cadena de suministro de la industria no se detiene ante nada, así que su carga no iba a ser menos. Mientras algunas actividades pelean por renacer de las cenizas, las industrias vinculadas a la transición energética (energías renovables, la eólica offshore, el hidrógeno verde, las redes eléctricas, etc.), el Oil & Gas, las infraestructuras, la minería y defensa se confirman como el gran motor de crecimiento del mercado mundial. En consecuencia, los operadores expertos del project cargo no pueden dormirse: hay trabajo. La duda es... ¿hasta cuándo? ¿Solo seremos sostenibles hasta el 2030 o el plan es continuar invirtiendo?
¿Cuántos proyectos se habrán marchado por no poderles garantizar accesos o superficies en plazos razonables?
Algunas de las tecnologías comienzan a mostrar sus costuras. Las primeras dudas acerca del uso de la inteligencia artificial o la viabilidad/rentabilidad de los vehículos eco para usos industriales comienzan a tener efectos económicos con bolsas en caída libre.
La transformación, tanto de los modos de producción como de la cadena logística vinculada, es inevitable, pero la cuestión es ¿a qué ritmo se va a producir esa evolución digital? Muchos grandes cargadores (industrias) van ya en velocidad de crucero impulsados por los PERTE (Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica), pero sus proveedores no tanto. Y no por falta de ganas, pero es que hay cuestiones que exceden de su control.
Regresando a los protagonistas de la carga de proyecto, y obviando el apoyo económico que suponen los PERTE, etc., el estado de las infraestructuras, la burocracia detrás de la obtención de permisos, la compleja coordinación de rutas, la falta de servicios regulares y espacio en el lado mar o directamente la escasez de personal cualificado impactan en la competitividad de los servicios. Las autoridades pertinentes (todas) deberían trabajar, por ejemplo, por establecer unos criterios mínimos y compartidos para que un servicio de transporte por carretera de gran volumen o tonelaje no tuviera que atender a cuatro normas diferentes, una por cada comunidad autónoma que atraviese el vehículo de turno, para poder trasladar una pieza desde la fábrica al muelle.
Luego ya, si eso, nos ponemos con la calidad de las infraestructuras terrestres y portuarias y la urgente necesidad de que las actuaciones no se eternicen en el tiempo. ¿Cuántos proyectos se habrán marchado por no poderles garantizar accesos o superficies en plazos razonables? Lamentablemente para algunos gestores de lo público, los proyectos logísticos siguen contando con el sambenito de la irrelevancia.