Changes

JAIME PINEDO Bilbao

Si algo define a los tiempos que vivimos, es el cambio; el cambio continuo, el cambio inevitable, imparable, obstinado y pertinaz. El cambio es  la única cosa inmutable, porque como aprendimos de Heráclito  “Todo cambia; nada permanece”. Cambian los meses y estrenamos abril con cambios. De todo tipo. No hay más que dirigir la mirada a nuestro alrededor... o no levantarla del Diario del Puerto de hoy. Para muestra, un  botón del ámbito internacional, que en el mundo global en el que vivimos también nos afecta.

Desde este lunes 1 de abril, la marca MacAndrews, todo un emblema del shipping, un referente del transporte marítimo europeo, pasa a denominarse Containerships, tras su unión con la naviera  finlandesa del mismo nombre. 

Así lo ha decidido el Grupo CMA CGM, matriz de ambas navieras especializadas en transporte multimodal intraeuropeo. “Branding corporativo”, le llaman al “proceso de construcción de una marca reconocible, con personalidad y que se recuerda por unos conceptos o ideas muy claras”. Así es como la marca MacAndrews deja de existir. No así su actividad.

Está claro que “Containerships” es una marca ciertamente reconocible. Tanto como llamar “Trucks” a una empresa de transporte por carretera, “Airplanes” a una compañía aérea o “Trains” a un operador ferroviario. Simple, sí, pero ¿efectivo?... Los expertos en  branding y rebranding, que también existe este último término, tienen la respuesta. No hay mayor juez que el tiempo.

El caso es que a MacAndrews le han faltado apenas unos meses para soplar 250 velas; las de sus 250 años. Seguramente, cuando William McAndrew, un joven de 18 años del pueblo escocés de  Elgin, comenzó en 1770 a importar fruta de España, Portugal y Azores, abriendo oficinas en Londres y Liverpool, no soñó que su  iniciativa perdurara tanto en el tiempo. Pero los tiempos cambian...

Seguramente, serán suficientes unos pocos meses para que el nuevo nombre de Containerships cale entre los trabajadores y clientes de MacAndrews y el mercado en general. Sin embargo, en Bilbao el nombre de MacAndrews está ya unido para siempre a la historia de la Villa.

Y es que el Athletic Club debe en buena parte su existencia a MacAndrews. En el paseo de Abandoibarra, entre el Museo Guggenheim y la pasarela Pedro Arrupe, justo donde se hallaba la antigua Campa de los Ingleses, uno de los espacios donde a finales del XIX comenzó a germinar la afición por el fútbol en Bilbao ya que era donde los marineros de los barcos de MacAndrews que arribaban a Bilbao jugaban sus partidos, y que terminó dando origen al Athletic, hay una placa conmemorativa con versos, en euskera y castellano, del escritor vizcaíno Kirmen Uribe. “Campa de los Ingleses. Aquí es donde jugaban los ingleses. Aquí, en una campa junto a la Ría. Entonces sólo había césped y un pequeño cementerio. Algunas veces, el balón caía al agua y había que ir a buscarlo. Si estaba lejos le echaban piedritas para que se acercara a la orilla. Las piedras creaban ondas, pequeñas ondas que se hacían cada vez mayores. Y así, el Athletic jugó en Lamiako, y después en Jolaseta. Y, finalmente, en San Mamés. Una ola, y otra ola, y otra”.

 “Veo a las ondas cambiar de tamaño, pero nunca dejar la corriente de cómoda transitoriedad; y entonces, los días pasan delante de mis ojos,  pero éstos parecen ser siempre iguales”, cantaba en “Changes” David Bowie, un británico ilustre que  supo como nadie transitar por afluentes  diversísimos y por disciplinas inexploradas. Changes, cambios, despedidas. Bowie, MacAndrews, Brexit... Todo cambia, nada permanece.

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