“Es el mercado, amigo...”

JAIME PINEDO Bilbao

Dicen los manuales de marketing que las empresas deben evitar camuflar los incrementos de precio y centrarse en reducir su impacto sobre el cliente, ofreciéndole distintas versiones del producto o el servicio a diferentes precios. Subir los precios y mantener satisfechos a los clientes es, ciertamente,  un ejercicio de equilibrio difícil de mantener, aunque irremediable de aplicar en la mayoría de los casos. Y como casi siempre sucede, quien acaba absorbiendo el incremento de precio no es otro que el consumidor. ¿Quién si no?

Por ejemplo, es lo que me temo sucederá si finalmente sale adelante la llamada “tasa Google”, el nuevo impuesto sobre actividades digitales para las grandes empresas tecnológicas, que busca incrementar los ingresos fiscales del Estado bajo la idea de que si los gigantes de internet hacen negocio en nuestro país, los ciudadanos debemos participar también de sus beneficios. 

Francia, principal impulsor de este nuevo impuesto, ya ha aprobado la llamada “tasa GAFA” (acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon), y a ésta última compañía le ha faltado tiempo para emitir el siguiente comunicado: “Tras la instauración en Francia de un nuevo impuesto sobre los servicios digitales nos vemos obligados a ajustar las tarifas de nuestras ventas en Amazon.fr”.  La   Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ya advirtió en el pasado G-7 en Biarritz que habrá una “tasa Google” el primer semestre de 2020. Avisados estamos.

Mientras que para la “tasa Google” la cuenta atrás ya ha comenzado, por mucho que aún no se haya fijado la fecha de su entrada  en vigor, para la industria naviera mundial su cuenta atrás finaliza el próximo 1 de enero de 2020 y quedan por despejar muchas incógnitas sobre si la flota estará en disposición de cumplir con la nueva normativa IMO 2020 de la Organización Marítima Internacional que fija en el 0,5% el límite de azufre en los combustibles marinos frente al  3,5% actual.

En estos mismos instantes, decenas de miles de barcos navegan por los océanos de todo el mundo quemando más de 3,6 millones de barriles diarios de un combustible con alto contenido de azufre.  Y exactamente en 106 días deberán reducir drásticamente dichas  emisiones para cumplir con la nueva normativa.

Para el mercado mundial del transporte, este cambio podría tener profundas implicaciones ya que, a diferencia del combustible marino o fuelóleo pesado, principalmente utilizado en la actualidad, los nuevos combustibles  como el fuelóleo con muy bajo contenido de azufre (Very Low Sulphur Fuel Oil, VLSFO) son mucho más refinados y más parecidos al diésel por su bajo contenido de azufre y al utilizado por camiones y aviones. 

La industria naviera ha acometido grandes inversiones para prepararse para el IMO 2020, como por ejemplo con la instalación de scrubbers o depuradores, y algunos analistas anticipan subidas de hasta el 20% en el precio de los combustibles ante el aumento de la demanda de estos nuevos combustibles por parte de la flota mundial. Y llegarán comunicados como el de Amazon.fr: “nos vemos obligados a ajustar las tarifas de nuestras ventas”. Eso sí, todo con mucha transparencia. Aunque al final, quienes acaben  absorbiendo los incrementos de precios sean siempre los mismos. Como alguien dijo en cierta ocasión: “Es el mercado, amigo...”

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