Meninfotismo a prueba, otra vez

Paco Prado

Tenemos desde estas páginas una clara vocación de agitadores, de conciencias. Creemos que los distintos colectivos que forman este sector son, en general, poco beligerantes en lo concerniente a defender los intereses colectivos. Especialmente en Valencia, donde políticos y periodistas les tocan la moral más a menudo y con menos fundamento de lo deseado.
Cuesta que se creen corrientes de opinión y mucho menos de acción concreta, en defensa del sector logístico en general o de una determinada infraestructura en particular. A veces parece que de lo que se trata es de no hacer ruido. Esa tendencia a mirar hacia otro lado está cambiando últimamente, pero de modo insuficiente, según mi criterio. Ahora hay otro punto de examen a la capacidad del colectivo de levantar la voz en su defensa. Y lo hay desde otro enfoque. Los colectivos logísticos tienen, junto a los grandes puertos, zonas donde proliferan de forma más intensa. Calle o calles donde las oficinas de los transitarios, consignatarios y derivados se agrupan. En Valencia, el centro, logísticamente hablando, es la calle Dr. J.J. Dómine. Esos "habitantes" de esas oficinas logísticas pueden ver en breve cómo algunas de las escasísimas zonas de aparcamiento se inutilizan por los proyectos urbanísticos que se vislumbran por el horizonte. Y aquí es donde los quiero observar. Si los empresarios se han quedado cortos en eso de dar guerra en defensa del bien común de la logística, veremos ahora cómo reaccionan los empleados de esas empresas a la hora de defender el aparcamiento nuestro de cada día. Si salen adelante proyectos como el del hotel de 30 alturas a ubicar junto a la antigua estación marítima, el día a día de cientos de profesionales se va a ver rotundamente afectado. Ya no se trata de que esta o aquella empresa mueva más o menos contenedores, más o menos cómodamente, en función de que se active un acceso más o una infraestructura mejor. Se trata de que si, como se está publicando en la prensa generalista, el gigantesco edificio se sitúa junto a sus lugares de trabajo, el tráfico, la masificación y la consiguiente desaparición de las zonas de aparcamiento serán una realidad concreta que habrán de sufrir nuestros profesionales. ¿Qué hacer? Informarse profundamente y a tiempo de todo lo que se vaya concretado respecto a este asunto que tanto les puede afectar. Lo de a tiempo es importante porque no es lo mismo prevenir que curar. ¿Qué se puede aspirar a conseguir? Que el mal sea el menor posible, o que quien lo genere lo compense de algún modo, habilitando otra zona de aparcamiento, por ejemplo. ¿Cómo pelearlo? Como siempre, con unidad y organización. Estará bien que se guarden estas humildes letras, para que en el futuro, si el hotel se hace y el aparcamiento desaparece, pueden valorar qué se ha hecho, si es que se ha hecho algo. Entonces veremos, otra vez, si los "meninfots" y el "meninfotismo" de estas tierras es una leyenda urbana, o tiene algo o mucho de realidad. Porque si algo que les afectará directa y concretamente en el día a día, todos los días de su vida profesional, tampoco les mueve a moverse... podremos sacar muchas conclusiones sobre la capacidad de defensa con la que contamos y sobre la cantidad de "meninfots" por metro cuadrado que hay en el sector en general y en J.J. Dómine en particular.

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