Hablemos de la basura

Loli Dolz

¿Les ha pasado alguna vez que cuando piensas que lo estás haciendo todo bien, por culpa de otros, te colorean la cara? Pues así es como deben sentirse los gestores del Puerto de Valencia tras noticias  como estas: “Cinco contenedores de basura que salieron del puerto de Valencia devueltos a España por Malasia”.

Da lo mismo lo mucho que la Autoridad Portuaria de Valencia esté trabajando por la búsqueda de la eficiencia -y sostenibilidad- de sus actividades, al final queda que el puerto envía basura por el mundo. El Puerto. Y no la persona que, con sus santas narices, llena uno, dos, tres... mil contenedores con plásticos, supuestamente recogidos para pasar por un proceso de reciclaje, y los envía a Malasia, Filipinas, etc. con el deseo de que allí... Se los coman con patatas.

El caso conocido ahora es de noviembre de 2018. Entonces, la Aduana detectó un cargamento sospechoso con documentación incompleta, pidió nuevos informes a la empresa cargadora de los residuos y cuando se quiso ir a revisar la mercancía, los contenedores  ya habían zarpado rumbo a Malasia sin autorización. Así que además la operación también se las trajo. Ahora la empresa será sancionada, porque se prohíbe la exportación de materiales no reciclables, pero la imagen del puerto es la que, en mi opinión, ha salido peor parada. Al menos ante los que no conocen el puerto más allá de los titulares de la tele y los boletines de la radio.

La batalla de la basura es ya mundial y, como no, vuelve a ser una guerra de países pobres, como Malasia o Filipinas, contra ricos como Australia, Estados Unidos, Canadá, Arabia Saudí, Japón o España. Greenpeace lleva años alertando de ello. Y ojo que en este caso estamos hablando de plástico pero los residuos que van por ahí flotando dentro de contenedores son variopintos y van desde restos electrónicos a químicos, textiles o baterías. Lo que los sistemas de control en fronteras no vean.

El Ministerio para la Transición Ecológica, las comunidades autónomas y los ayuntamientos deberían asumir el gran reto de favorecer la creación de empresas en España que puedan vivir de la actividad del reciclaje, que puedan trabajar en condiciones, separando los tipos de plástico, etc. No puede ser que a la ciudadanía nos bombardeen con mensajes de que tenemos que reciclar y luego no se puedan atender las miles de toneladas diarias que se recopilan. ¿Qué sentido tiene que potencies el viaje al contenedor amarillo, azul, marrón o verde cuando no hay plantas de tratamiento en España que puedan absorber tanto desperdicio? Ahora resultará que este tipo de exportación también nos vale... Seamos sensatos. Si tenemos que enviar nuestras basuras a 15.000 kilómetros para que sean ¿tratadas?, si las mandamos a países con legislaciones mucho más permisivas que favorecen la quema en vez del reciclaje ¿estamos cumpliendo nuestro objetivo inicial (ya saben ese de proteger el planeta y nuestras condiciones de vida saludables)? Pues no.

Así lo que tenemos son miles de toneladas recogidas en los contenedores de colores pero ¿cuántas recicladas? ¿Cuántas reutilizadas? Ahí está la cuestión. Que nos den cifras reales porque las plantas españolas no pueden, literalmente, objetivamente, tratar todos esos volúmenes. Y tenemos que hacernos cargo de nuestra basura (y pongo este eufemismo aunque seguro que ustedes ya han convertido el nombre en la palabra más adecuada). España es el noveno país del mundo que más desechos envía fuera de sus fronteras. No lo digo yo, lo dice Greenpeace. Y aunque es un negocio rentable para algunos no lo es para la mayoría. Pensemos en el futuro porque ya no hay vuelta atrás y hasta los pobres se están cansando de cargar con nuestras mierdas. Porras, ya lo he dicho.


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