Algo distinto

Paco Prado

Los logísticos nos quejamos de los políticos, al menos en los corros de los pasillos de los eventos. Que si no nos consideran, que si no nos quieren, que si no coordinan departamentos y ministerios para defender la logística como se debiera, que si no se priorizan las inversiones más rentables... Y nos duele cuando se ataca nuestro sector o no se lo defiende como se debiera. A esto se suma la memoria, esa que nos dice que en épocas preelectorales como la que se avecina en algunas comunidades, estamos condenados a tragar quina al ver cómo unos y otros utilizan las infraestructuras logísticas como arma arrojadiza. En los próximos meses… ¡Vamos a leer y a oír cada cosa…!

| 23 noviembre 2018

En todos esos aspectos poco o nada hemos conseguido en los últimos años. Ante el panorama descrito, quedan dos vías: continuar haciendo y diciendo lo mismo durante toda la vida para, seguramente, conseguir lo mismo. O hacer las cosas de otra forma, como vía para que sucedan cosas diferentes. Se me ocurre que predicar con el ejemplo pueda ser una vía esperanzadora, por distinta. Podrían los logísticos creerse de verdad el peso de nuestro sector en la economía global y hacerse de valer y respetar. Podríamos ordenar qué tema es prioritario y qué tema es aplazable. Qué solución está consensuada como admisible y qué otras no hacen si no distraer la atención. Coordinar asociaciones y grupos de presión. Focalizar los esfuerzos reivindicativos en el punto más rentable. Convertirnos de una vez en gota china, en vez de ser lágrima de plañidera.  

Si consiguiéramos la unidad y la coordinación total en la defensa de los intereses del sector, otro respeto nos caería. Y no hablo de fusión de varias o todas las muchas o demasiadas asociaciones, clubes y foros que nos rodean. No soy tan iluso. Hablo de unión temporal de asociaciones, empresas y determinadas instituciones para sacar adelante, juntos, temas concretos. No está claro que todo el sector logístico quiera lo mismo siempre. Yo diría que a veces se mueven intereses antagónicos. Por eso se trataría de encontrar temas que fueran del interés de casi todos y de perjuicio de nadie. Tras la bandera de una determinada y concreta reivindicación se deberían unir todos los colectivos, con un portavoz, una hoja de ruta y un calendario de acciones. No digo que se consiguieran grandes cosas, que seguramente también, digo que nos lo pasaríamos genial respondiendo a cada declaración que sin fundamentos ni argumentos vierten políticos y derivados. Y lo haríamos aportando datos. No sería difícil rebatir tanta tontería como se oye. Y, además, sería divertido. Ese debería ser uno de los frentes de batalla, el de hacer ruido. Otro sería el de la búsqueda de las nueces, que se llevaría a cabo con total discreción en los despachos donde se toman las decisiones. Que una cosa no quita la otra y ambas se necesitan. Con los dos frentes de actuación quizás consiguiéramos algo. Ni es fácil ni es seguro que así fuera. Pero no cabe duda de que como vamos ahora será fácil y casi seguro no conseguir nada.  

Acostumbrados a épocas buenas y otras mejores, moverse para pelear el futuro a medio plazo resulta especialmente incómodo. Da pereza. Sobre todo cuando no se está tan mal. Ojalá no haya que esperar justo al momento en que ya sea demasiado tarde.



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