Con la boina entre las manos

Paco Prado

Quien quiera saber qué ha pasado en el desagradable tema de la ruptura de Diario del Puerto con la Falla J.J. Dómine para la organización del Concurso de Paellas, no tiene más que leer el comunicado que hoy publicamos.

Realmente, todo el cúmulo de ofensivas faltas a la verdad que se están vertiendo sobre nosotros constituye un incomprensible ejemplo de ingratitud.

Además de ese matiz, me asalta también, en estos días especialmente tristes, la tristeza nueva de tener que molestar a algunos directivos para neutralizar los mensajes que les llegan buscando confundirles.  Lo siento. Les pido perdón por hacerles parar un momento, darles datos y solicitarles que elijan. He procurado no llegar a esto, pero no he podido más. Gran parte del sector, su práctica totalidad, lo ha entendido, aunque una pequeña minoría hubiera preferido que siguiéramos como fuera, con tal de mantener la calma y la unidad. Sé que muchos de mis lectores han vivido la tesitura de separarse de un socio, de dejar una empresa de toda la vida e iniciar su camino libre y paralelo. Y que han tenido que ir a sus clientes y amigos a decirles que les tocaba elegir. Por eso creí que lo entenderían. Percibir que en algún caso (mínimo por otra parte) eso no ha sido así, me ha reverdecido una fea y vieja sensación de que uno molesta por existir. No, no es culpa de ellos. Sólo me estoy confesando, para que me entiendan. El ser muy de mi adorado pueblo, Alcolea de Calatrava, provincia de Ciudad Real, y haber pasado más calamidades de las que se pueda llegar a imaginar mi amigo lector, ha tenido como consecuencia, y no se lo digan a nadie, un cierto complejo. Para salir adelante han sido muchas las situaciones en las que he tenido que, “con la boina entre las manos”, plantarme ante quien decide, para rogar un hueco para mí. Por eso, en esta especialmente desagradable situación, algo de rebeldía me invade cuando he percibido, aunque mínimamente, insisto, la idea de que no tenemos derecho a lo que tenemos derecho. De que he de trabajar eternamente para una Falla donde ya ni me conocen ni conozco a la inmensa mayoría de sus miembros. Y callar. Y no molestar. Eso, lo de no molestar, me lo inculcaron desde muy pequeño. Pero a veces, y ustedes disculpen, no le dejan a uno más salida. Lo siento, pero tendrán que elegir. No es la primera vez que les molestamos con eso de elegir. En los orígenes de Diario del Puerto ya había otro diario en Valencia. El sector tuvo que elegir. Hace años empezamos a editar en Barcelona también Diario del Puerto en papel. Somos un diario de distribución y cobertura nacional y no podíamos obviar ese más que importante nodo logístico. Molestamos. Mucho. Éramos tres diarios por entonces en Barcelona y a una parte del sector le pareció un incordio mayúsculo eso de elegir. Algunos, sobre todo la competencia, hubiera preferido que no existiéramos, que siguiéramos por siempre estudiando y trabajando de camareros y les dejáramos en paz. No nacimos con el futuro resuelto. Ni en lo personal ni en lo empresarial. Pero nadie nos pudo ni nos puede quitar la opción de intentar salir adelante.

Les vuelvo a pedir perdón, pero disculpen que lo haga mirándoles a los ojos y no al suelo, y con los dedos en el teclado, no “con la boina entre las manos”.



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