Creer en nuestra Navidad

Paco Prado

Les confieso de antemano que no soy nada navideño, salvo por la cara de abeto que se me queda en estas fechas.

| 21 diciembre 2018

No comparto los excesos de luces de colores y villancicos torturantes que les añade a la esencia. No me interesa el saco que envuelve el jamón, el celofán del turrón, ni la farfolla del maíz. No sé si tengo algo en su contra. Sólo sé que no me interesan.  

Hoy tendrán en sus manos nuestro Especial Navidad que, y aquí viene la segunda confesión, nació hace muchos años como un hijo no deseado. No creía yo en esas cosas, hasta que un día llegó a la Redacción un anuncio de una página para un especial de Navidad que… no existía. Jolines, pensé para mis adentros, con la de publicaciones que tenemos para poner un anuncio y lo quieren poner en una que no existe. Como escribió José Luis Ábalos, nuestro ministro de Fomento, en su dedicatoria en el libro del XXV Aniversario de Diario del Puerto… “Si no existiera Diario del Puerto, habría que inventarlo.” Pues eso, que como no había especial de Navidad tuvimos que inventarlo, pero, como a todo lo que hacemos, decidimos darle una vuelta diferenciadora. Buscamos todo lo bueno que tienen estas fechas, pero en nuestro terrenal mundo logístico. Y aquí encontramos y les mostramos desde entonces todos los ingredientes de una Navidad especialmente logística. En las páginas de ese Especial tan especial, abrazamos a la gran familia profesional, compuesta de miles de pequeñas familias que forman una sola. Mostramos cercanos ejemplos de ayuda a los demás, a través de distintas iniciativas de asociaciones y empresas. Les contamos cosas sentidas, nos ponemos ñoños. Por no faltar no falta ni un conmovedor relato como susurrado al oído. Y lo repartimos como quien reparte una cosecha anual de buen rollo. Navidad en estado puro. Nuestro Especial no es más que un escaparate parcial de lo que vemos estos días en nuestro universo logístico. He visto cosas que vosotros no creeríais, que decía el replicante. Generosos logísticos volcados en comprar juguetes para cientos de niños que no conocen. Altos directivos invirtiendo su muy valioso tiempo en ordenar lo recolectado en campañas benéficas. O Reyes y Reinas magos y mágicas, de asombroso parecido con Lucía, Emma, Alex, Jordi, Borja…  y otros amigos y amigas del sector, repartiendo y recogiendo emociones multiplicadas.

Todos ellos nos hacen creer si no en la Navidad, sí en su esencia: pensar en los demás y autocrítica. Así sí creo en la Navidad.  De la misma forma en que Francis Pharcellus Church, en 1897 hizo creer a tantos en la existencia de Santa Claus, a través del artículo que publicó en The Sun, contestando a Virginia, una niña de 8 años que le preguntaba sobre tan delicado tema. “Sí, Virginia, hay un Papá Noel. Él existe con tanta certeza como el amor y la generosidad y la devoción, y tú sabes que éstos abundan y dan a tu vida su mayor belleza y alegría. ¡Ay! qué triste sería el mundo si no existiera Santa Claus. Sería tan monótono como si no hubiera Virginias. No habría fe infantil, ni poesía, ni romance para hacer tolerable esta existencia. Sólo podríamos disfrutar con el sentido de la vista. La luz eterna con que la infancia llena el mundo se extinguiría…” Pues eso.



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