Cuidar nuestro micromundo

Paco Prado

Repetimos muchas veces eso de que somos una comunidad, una familia, un engranaje, un colectivo, una coreografía, un sector, un micromundo. Y nos lo creemos. Y lo usamos para muchas cosas. Pero habríamos de creérnoslo mucho más y usarlo para más y más grandes objetivos. El sector logístico no es un sector cualquiera. Está por encima de otros en la rentabilidad que se obtiene por el esfuerzo.

| 12 abril 2019

El que otros sectores hayan descubierto esa mayor rentabilidad por unidad de inversión y esfuerzo, ha propiciado la llegada a nuestro mundo de colonizadores de otros lares.

Además de esa buena salud general, la logística cuenta con otra característica que la hace singular: es un sector en el que la actividad, con más o menos oscilaciones, crece prácticamente sin parar, año tras año. Con esos dos ingredientes el sector tiene cierto poder. Y eso, como dijo el tío de Spider-Man, conlleva una gran responsabilidad.

Con esos ingredientes, no estaría mal que cada centro logístico levantara los ojos del contenedor y del pallet y se diera cuenta de todo lo que se puede llegar a hacer por la sociedad a la que sirve y de la que vive. Más que cualquier otro colectivo, la fuerza de la logística, unida a la interconexión gremial, nos habría de llevar a mirar al horizonte y fijarnos altas metas, por ejemplo, de responsabilidad social. No sé si podemos cambiar el mundo, pero empezar por el sector, donde todos comunicamos con todos casi cada día, con la fuerza que da la creciente actividad y la economía saneada, podría ser un esperanzador comienzo.

En anteriores ocasiones, hemos hablado de la necesidad de focalizar esa fuerza hacia el entorno inmediato de cada centro logístico, colaborando donde más lo necesita la sociedad cercana. Ahora se nos ocurre ir más lejos, sin movernos de aquí. Hay camino por recorrer en este micromundo, en aspectos tales como la igualdad salarial hombre-mujer, sexismo, cuidado del medio ambiente o aplicación de las pertinentes medidas de seguridad en el trabajo. Luchar en esos frentes, sin salir del sector, no va a salvar el mundo, casi nada puede hacerlo, pero puede crear un punto de apoyo para aspirar a tan ambicioso objetivo. Si algún día podemos decir que aquí no se tira nada al agua ni al muelle, ni en ningún recipiente que no le corresponda, si podemos afirmar en un futuro que todos funcionamos como un solo en normas de ese tipo, le habremos sacado un valioso provecho al engranaje logístico, también en lo social. Al igual que se crean asociaciones logísticas dedicadas a este o aquel gremio, a este o a aquel proyecto, habida cuenta de que la sincronización del colectivo es cada vez mayor, quizás sea el momento de crear o reforzar al máximo una institución que aglutine todo lo mucho y muy ejemplar que se podría hacer en este universo nuestro. Convertir la comunidad logística en un ejemplo medioambiental y de responsabilidad social debiera ser un objetivo tan relevante como el crecimiento de los tráficos y la competitividad. La lucha contra la huella de carbono, los plásticos, la contaminación y la injusticia del tipo que sea, se nos puede antojar hercúlea, casi imposible. Algo que no está en nuestra mano en el mundo exterior, sí lo está en nuestro día a día. Hay muchos motivos para sentirse afortunado de trabajar en este mundo de la logística. Añadir alguno más es perfectamente posible.



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