Culpas ajenas

Paco Prado

En las comunidades autónomas, en unas más que en otras, he detectado una costumbre que ya puedo catalogar de arraigada. Eso de lamentar lo no conseguido es un arte que se domina en profundidad. En todas sus variantes. Unos echan la culpa a los políticos presentes, otros a los pasados, otros a todos. Los hay que, para evitar colores políticos, hablan de que Madrid es el enemigo.

| 9 noviembre 2018

Sin olvidarnos de esa tribu, que sostenían, sostienen y sostendrán que la culpa es de otras regiones, autonomías o países, como les quieran llamar, que a mí tanto me da. No se ha conseguido esta financiación o no saldrá adelante determinada infraestructura, o lo hará con un siglo de retraso, por motivos y gentes siempre lejanas. Todo un abanico de variadas plañideras y de diversos argumentos se oyen día sí y día también para explicar el retraso o la inexistencia de las pertinentes inversiones. Argumentos y explicaciones en las que, si los emite un ciudadano, nunca aparecen los ciudadanos como culpables, si se queja un político, nunca serán los de su partido los que tengan la culpa. Si es una estructura logística a la que se le aúlla, nunca será el logístico que la añora el culpable de nada. Los males caen del cielo o suben del infierno porque hay gente terrible que nos tiene manía. Esto que, como digo, lo veo en todos los rincones de España que conozco, está especialmente significado en Valencia. Menfotismo le llaman, creo. Añoro el día en que salga un político y explique todo lo que se ha conseguido, todo lo que se ha logrado de la administración central, aunque no explique cómo. Quiero oírles decir, por ejemplo, tenemos la financiación que merecemos. Y punto. O que tendremos el acceso norte justo cuando sea necesario. Y punto. En su lugar se generan eternos discursos que empiezan por el reconocimiento de un fracaso como... estamos otro año más sin la financiación autonómica que nos corresponde. Y… punto y seguido. A partir de ahí, la explicación del fracaso puede ser larga, muy larga, o eterna. Pero el fracaso no deja de ser fracaso. Y punto. Y los que intentan explicarlo, en soporíferas letanías, no dejan de ser los responsables, lo maquillen como lo maquillen.

Centrándonos en la logística, no puedo dejar de recordar los muchos lamentos que se oyen cada día por, para focalizar el tiro, la inexistencia de acceso norte. Oigo muchas quejas que explican el fracaso de todos los logísticos y los políticos valencianos, pero no veo que nadie mueva un dedo para remediar el desaguisado. Lo que comenzó siendo una mejora en las conexiones del puerto es hoy una infraestructura tan imprescindible que sin ella se pone en peligro la supervivencia del primer puerto del Mediterráneo. Aun así… no se mueve ni un dedo. Si nos dan a elegir entre el ya muy famoso Corredor Mediterráneo y el acceso norte, les diría que el segundo puede ser tan determinante o más que el primero para el futuro de la región. Ocurre que no hay un Juan Roig logístico que mueva el tema del acceso norte como merece. Los logísticos esperan a no sé qué. Los políticos miran hacia otro lado y la sociedad ni sabe qué es el acceso y casi tampoco el norte, ni falta que les hace. Esperemos pues, querida comunidad logística, a que se concluya la ampliación del Puerto de Valencia para volver a hablar de esa infraestructura. Entonces contaremos que nadie ha optado a la nueva terminal y que el puerto está languideciendo a marchas forzadas, porque no hay acceso por el que pueda llegar el caudal de mercancías. Pero, eso sí, todo será culpa de otro.

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