Déjenles trabajar

Loli Dolz

Cuando comienzo a escribir estas líneas todavía resuenan en mi cabeza las últimas palabras que acabo de leer del discurso que dio el pasado sábado el presidente de la FVET (Federación Valenciana de Empresarios del Transporte y la Logística), Carlos Prades, con motivo de la celebración del día de su patrón, San Cristóbal. Fueron palabras sinceras, directas y críticas. Basta ya de esconder lo que hay.

| 9 julio 2019

“Somos un caso atípico dentro del mundo del asociacionismo, somos capaces de reunir a 700 personas para celebrar el día de nuestra profesión, pero no somos capaces de trasladar esta imagen de unión a la sociedad”, subrayó Prades, y algo habrá que hacer para que esto cambie porque el transporte es un sector estratégico, todos los sabemos, pero la ciudadanía sólo se acuerda de “los camiones” cuando se detienen tras ellos en un embotellamiento.

Pero, ¿qué les pasa a los transportistas el resto de minutos, horas, días y meses en los que la sociedad no se acuerda de ellos? ¿Serán conscientes de la relevancia que tienen los transportistas -pequeños, medianos y grandes- en su día a día?

Pues ya les digo yo que no. Pero ojo, no nos vengamos abajo, no se acuerdan del transporte terrestre igual que no recuerdan que lo que consumen llega a sus vidas gracias al transporte marítimo,  al aéreo o al ferroviario. Es así de triste. Vivimos en una sociedad abocada a desconocer de dónde salen las cifras que marcan sus impuestos, que lastrarán su futuro llegado el caso. Mientras se muevan las decenas de miles de millones de euros necesarios para que nuestro PIB sea óptimo; mientras la balanza comercial salga bien y papá Europa no nos llame la atención por nuestro endeudamiento, el coste da lo mismo. Qué penita más grande.

Por ello, hay que reivindicar un espacio libre de cargas partidistas, alejado de todos los que se quieran aprovechar de las circunstancias para chupar foco informativo. El transporte, todo él, debe reclamar su espacio y si no se le da, ganarlo a golpe de razonamiento, sentido común y proyección de futuro. Los transportistas deben hacerse valer, y doy fe de que lo están intentando. Sus representantes se están mojando, cada vez, en hablar con claridad ante los políticos de turno que desconocen la realidad del  sector, ante los medios de comunicación, sobre todo, ante aquellos que demonizan la profesión por el simple hecho de desconocerla.

La reconversión del sector es inevitable, como la de cualquier sector productivo, pero no tiene porque ser dañina. Si les dejan, si les escuchan, si legislan para todos y no para unos pocos, el transporte podrá convertirse en lo que quiere ser: un transporte rentable, eficiente, sostenible y respetable. Basta ya de negarles el derecho a ser profesionales, basta ya de vender la imagen de los trapicheos y la contaminación galopante, basta ya de creer que el camionero es un iletrado per se. Señores, no son idiotas. Si en estos momentos les están haciendo los transportes a tarifa plana será porque no tienen otra salida, no porque crean que son ustedes unos estupendos y que sus viajes son la octava maravilla. Que se hagan los tontos no significa que lo sean.

Por cierto, tampoco les va el rollo de estar cinco horas en una cola (tienen mejores cosas que hacer), hacer un trabajo que no les corresponde que ni está en su contrato ni está pagado (revisión de vacíos, vaciado o llegado de contenedores, etc.), no cobrar en tiempo y forma o repercutir en sus beneficios todo aquel coste que aparezca en el mercado sin poderlo incorporar a sus tarifas.  Vaya que quieren trabajar por un salario digno, como todo hijo de vecino. “Porque todos somos lo mismo, gente trabajadora del sector”, reivindicaba Carlos Prades el sábado. Y qué razón tiene. Déjenles trabajar en condiciones.


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