J.V. Boira

Paco Prado

La comunicación es algo tan especial que el orden de factores sí altera el producto, y mucho. No es lo mismo ser un político metido en logística que un logístico con sus sentimientos políticos, como los tenemos todos, o casi. En numerosas ocasiones hemos llamado la atención del lector sobre el mercadeo de cargos que se produce cada vez que hay un cambio de gobierno, local, autonómico o estatal.
| 13 julio 2018
En estos tiempos, especialmente revueltos en el panorama político, han coincidido etapas de nuevos gobiernos en España y en Catalunya. Estamos, por tanto, pudiendo observar, de forma contundente, estos fenómenos extraños que se dan cuando cambian los que mandan. Con tanto nuevo nombramiento, a nosotros se nos ha multiplicado el trabajo, con nuevas personalidades a las que entrevistar, nuevas ideas que cotejar, nuevos impulsos que analizar... Y a muchos otros de su entorno se les ha multiplicado también la faena, ante tanto nuevo ego que adular.
Pues bien, si nos quedáramos en la farfolla, sólo veríamos casos en los se pierde, se coge o se cambia el cargo sin más explicación que el color de tu partido. Así, quien vea estos procesos desde fuera corre el riesgo de pensar que los cargos no deben ser complicados o que no tienen importancia. No nos acostumbramos a ese reparto de cartas que se produce en cada cambio político, concediendo responsabilidades a directivos que en ocasiones no saben ni lo que significa su cargo. Es cierto que en general no suele pasar nada porque uno coja una responsabilidad en un campo que no es el suyo, pero también lo es que a veces se recogen gestiones realmente calamitosas. Sobre todo en los comienzos. Luego aprenden, algunos.
También se produce el caso de aquellos cargos que cambian de responsabilidad por condicionantes políticos, siempre, pero con una particularidad digna de subrayarse. Y es que nadie sepa qué detonante es ese ni cuál es su color. Profesionales, como Josep Vicent Boira, a quien pocos o muy pocos conocen su vida política antes de quedarse con la Secretaría Autonómica de la Conselleria de Vivienda, y del que ya casi nadie sabe cuál es su partido, ahora que se le ha nombrado Comisionado del Corredor Mediterráneo. Ni lo saben ni les importa, porque estamos ante un ejemplo de directivo que se ha ganado el respeto de todo el sector por su implicación, profundo conocimiento de los temas, multi actividad y cercanía. Un caso extraño. Boira ha conseguido dejar de ser un político metido en logística para consolidarse como un directivo logístico de especial prestigio del que ya nadie pregunta su color político, porque todos conocen el color de sus actuaciones y lo demás... ya no importa. Se comentaba días atrás, en los corrillos de cócteles y eventos logísticos la posibilidad de que Boira pasara de Secretario Autonómico a Secretario de Estado. No han ido por ahí los tiros, pero la idea base de que Boira era "ascendible" ha tomado forma con este cargo que, con sus actuales matices, se ha creado para él. No será el último escalón de su carrera. Eso creemos y eso esperamos, porque ha alcanzado ya el grado de logístico con su alma política cada vez más escondida y el apoyo del sector cada vez más manifiesto. A veces, algunas veces, eso de llegar a nuestro mundo por el atajo de la política, no ofrece casos como el de J.V. Boira, que ha pasado de ser un buen político, logístico a un logístico excelente y... punto.

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