Logística y política

Paco Prado

Curiosa esta norma social que indica que lo más "elegante" es llevar un trozo de tela ajustado al cuello y una chaqueta, como prendas imprescindibles, en todo momento y lugar... aunque estemos a más de 30 grados. Me parece imprescindible abrir el debate que acabe fijando el hasta cuándo de ese sinsentido de considerar "elegante" lo de sudar más que el profesor de natación de los gremlins. Todo esto lo reflexionaba yo mismo camino de la toma de posesión del secretario de Estado del Ministerio de Fomento y de otros cargos variados, llevada a cabo el pasado miércoles en Madrid. Ciertas blasfemias circulaban por mis sienes, embutido en la chaqueta y la corbata, cuando comprobé que podía ser peor. Al llegar a la sala marco del evento, me di cuenta de que el calor de la calle era viento polar comparado con el que allí hacía. El ansia viva de adular al nuevo ministro y sus mariachis, unido a la aglomeración propia del metro de Tokio, daban al recinto una atmósfera de antesala del infierno.
Este preámbulo climático sirve para ambientar al astuto lector sobre el estado de ánimo con el que afronté la citada toma de posesión. Estaba especialmente sensible ante el descaro con el que se reconocía, en los corrillos particulares e incluso en los discursos de unos y otros, que los recién llegados a esta o aquella responsabilidad no tienen ni idea de lo que trata su responsabilidad. Lo diré una vez más: independientemente de partidos, colores, filias y fobias... este sistema de renovación de cargos técnicos basados en la política es una pena. Todos los sectores quizás y este sector nuestro seguro, se merecen un respeto mayor y un trato acorde con sus posibilidades de generar puestos de trabajo y riqueza. Para entenderme, imagine el amigo lector que nuestro sector fuera dirigido por esquemas de empresa privada. Que uno permaneciera en su cargo por sus méritos, no por el color de su alma política. Que su retribución se estableciera, como la tuya y la mía, en función de lo que se va consiguiendo, con sus objetivos, sus incentivos y todo eso. Y que si alguien en Puertos del Estado, en el Puerto de Tarragona, en Adif o donde sea, hace un buen trabajo, constatado por las estadísticas alcanzadas y los objetivos conseguidos, eso suponga la garantía de que se le va a permitir seguir trabajando por mantener el progreso de la empresa o institución a la que sirve.
En estos días eso es un sueño. No porque sea mucho pedir, sino porque la política lo invade todo como un chapapote hambriento. Si nos dejaran en paz... ay si nos dejaran en paz... si los puertos y demás infraestructuras logísticas se desarrollaran al máximo de sus posibilidades, que son muchas, veríamos más pronto que tarde que en este mal tratado país, no habría ninguna fuente de futuro comparable a la logística. Se debería tener más en cuenta que en este sector los proyectos son a muy largo plazo y que es especialmente valioso amortizar a quienes saben de esto y que de esto sólo se sabe a base de estar muchos años en logística.
Volver a empezar es muy bonito. Pero volver a empezar cada dos por tres no lo es tanto. Nos jugamos nuestro pan. Ellos sus votos. Lo nuestro lo necesitamos cada día, durante toda la vida. Ellos cada cuatro años, durante una época de su existencia. ¿Perciben la diferencia?

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