¿De verdad quieren venir aquí?

Paco Prado

Llegan en breve al Puerto Valencia, quizás este mismo fin de semana, los 629 migrantes en la flotilla esa capitaneada, simbólicamente, por el Aquarius. Y lo hacen ciertamente famélicos, mareados y enfermos... pero con alegría y esperanza.
| 15 junio 2018
En cuanto lleguen al Puerto de Valencia, podremos decir que en España tenemos algunos habitantes alegres y esperanzados. Serán los únicos. El país, o lo que sea esto, está tan patas arriba que la gente que estará en la riba esperando al barco, creo que lo hacen para subirse a él y salir de aquí como sea. No somos un país pobre ni en guerra en el sentido en el que normalmente se usan esos términos. Pero sí somos pobres en sentido común y bien pareciera que a veces estamos en guerra contra la sensatez. El espectáculo que se está dando en el operativo de recepción de los migrantes es digno de analizar. Cienes y cienes de asociaciones de todo tipo, instituciones y politiquillos, a codazo limpio para ver quién sale en los papeles como el más "bonico" de todos. El caso de los 629 daba para mostrar interna y externamente un ejemplo de organización, humanidad y sensatez. Pero no. El caos, la improvisación, el postureo, siguen teniendo fuerza, tanta o más que la más catastrófica de las catástrofes. Lo único sensato en todo esto es la Autoridad Portuaria de Valencia, que ve "ojiplática y peliescárpica" como sus muelles se van a convertir en un circo mediático de primera magnitud. Como en las malas películas de marcianos, la recepción que se les prepara a esa pobre gente es como para escribir un TBO. Unos quieren montarles una fiesta de bienvenida, otros los quieren desembarcar donde ese mismo día habrá un concierto con miles de jóvenes asistentes, otros piden que cada cual aporte... todo lo que pueda. Da igual una bici, un traje de fallera, un bocadillo o una manta, deduzco. Si no fuera un tema tan radicalmente serio, uno de los más trágicos que se recuerdan en la historia de esta humanidad deshumanizada, daría risa y cierta vergüenza ver el orden de prioridades que algunos han puesto en el asunto: primero figurar, luego figurar y después figurar. Hubiera sido deseable una organización centralizada, un listado de necesidades concretas, una selección de quién debe estar en el ajo, porque es útil, y quién se debe quedar en el banquillo, porque pueden hasta estorbar. Y, sobre todo, una planificación a largo o muy largo plazo, para estos señores y para los miles que ahora mismo están embarcando en África en cualquier cosa flotante rumbo a Dios dirá. Lo que no sea eso, será... lo de siempre, el típico parche español. Ese por el que se escapa la fuerza de este gran país en potencia. Con todo y con eso... ¿de verdad quieren venir aquí, donde su vida va a depender de la improvisación y de las ganas de salir en la prensa de unos y otros? ¿Les apetece realmente pisar una tierra donde se fulminan gobiernos, nuevos ministros y entrenadores nacionales con motivos o sin ellos? ¿Quieren bajar de una patera sin capitán ni timonel, que hace aguas por todos lados, gobernada por delincuentes, para meterse... en lo mismo? Muy mal tiene que estar la cosa por esas maravillosas tierras africanas para que sea mejor opción esta Europa sin sentimientos, podrida de cortoplacismo y de insolidaridad. La solución, para que cada cual se quede donde quiera es no ir a tierra ajena a joder la marrana. Si las grandes potencias dejan de hurgar donde no deben, nos evitaremos provocar o alimentar buena parte de las guerras y hambrunas que obligan a esta buena gente a dejar sus hogares con lo puesto. Echarlos de sus casas para cerrarles nuestras puertas, sólo tiene algo peor... dejarlos llegar a esta tierra. No se lo merecen los pobres.

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