Muerte por una idea

Paco Prado

Comentaba mi compañero Fernando ayer lo de esa regla no escrita que dice que no se publican los suicidios por aquello de no generar un "efecto llamada". Realmente, el efecto llamada en esto de los suicidios no se produce porque a uno le recuerden que se puede quitar la vida si quiere y puede. Si no porque, desde Mocito Feliz hasta el Pequeño Nicolás, este país está más que saturado de ejemplos de señores que por salir del anonimato "ma tan". O se matan. Su idea es esa: salir en la tele como sea.
Anular la publicación de los casos de suicidios, que no sé si el lector sabe que es la primera causa de muerte, por encima de la carretera, el cáncer o el corazón, hace que no se hable lo suficiente de lo horrible que puede llegar a ser un mal que está presente en nuestro sector y en la sociedad en general. Hablo de ese virus dañino, terco, que puede acabar por pudrirlo todo: Una idea. Cuando una idea se te mete en la cabeza, es como cuando un tonto coge una linde. Se acabará la linde antes que el tonto y la vida antes que la idea. Cada día veo casos de gentes con ideas rotundas, subrayadas, arraigadas, enraizadas, que les impregnan todo o buena parte de su raciocinio. Empiezan sin importancia, de a poco y, como las garrapatas, se adhieren con más y más fuerza a su anfitrión en cuanto tratas de discutirlas o expulsarlas. Tal es el convencimiento, tal la metástasis, que existen pocas opciones de extirpar el pensamiento tóxico, y esas opciones de exorcismo pasan por la paciencia infinita. La pasión por la idea propia es superior a todo, llegando el anfitrión a renegar de amigos y familia con tal de proteger a su huésped, a su tesoro. Si uno cree que los estibadores son todos unos impresentables, groseros, escupidores de tabaco, con cuernecitos rojos y todo... en cuanto intentes matizar aunque sólo sea el color de los cuernos... eres peor que ellos. Lo mismo pasa con los partidos políticos, los equipos de fútbol, los nacionalismos o los puertos. Quien no gusta de este o aquel enclave portuario, no a va entender los pros argumentados o no, ante sus contras inventados o no. La diferencia en todo caso, es siempre el tu o el mi. Si es mi idea, mi estiba, mi puerto o mi patria, lo demás importa cero. Puede ser equivocada, pero es mi idea. Además, observen que las ideas arraigadas generan conflictos eternos. En el muy famoso y perpetuado conflicto de la estiba pasa bastante de eso. Los bandos poco o nada han variado sus criterios en los más de 30 años que llevo observándoles. Tienen una o dos ideas metidas dentro, tanto los portuarios como los empresarios y esas ideas hace tiempo que se les ha apoderado del todo, sin dejarles ver más allá, sin darles opción a analizar otras opciones posibles. Respecto a nuestros políticos del ama... dos ideas son muchas. Cada vez van cerrándose más a una sola: sobrevivir en el poder. En cualquier caso, el pensamiento único, incluso el de sobrevivir, puede llevar a la muerte. Las mentes están para abrirlas. El abrirlas está para conseguir que entren y salgan ideas.
Huyan de conversar con quienes se alteran si les rozas sus ideas. Si hay que debatir sobre una idea, sobre un objetivo, hágalo con quien valore que las ideas sean buenas más que sean suyas.

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