Llamando a los zombis

Paco Prado

Le preguntábamos a Antolín Goya el otro día sobre las huelgas pasadas y sobre cuál era la línea roja que marcaría la convocatoria de un nuevo conflicto. Por supuesto que a la brutal bajada de rendimientos él no le llama huelga. No hubo de eso, según mi parcialmente admirado interlocutor.
Respecto a las líneas rojas, quedó claro que eran muchas y de muchos colores, con un denominador común: no tocarle las narices al colectivo portuario. Ahora, es curioso, cuando se supone que están en un momento crítico, con la ley de liberalización de la estiba y todo eso, ahora, sucede que, entre unos y otros, se ha reforzado al colectivo de profesionales más fuerte que conozco. Y se anuncian nuevas huelgas, estas sí con todas las letras. Vuelven a nuestra mente los cientos de miles de contenedores que se sacrificaron en el altar del futuro, y que iban a tener su compensación en raciocinio, concordia y progreso. Algún día. De momento, el dios futuro, como buen dios, parece que exige más sacrificios. El sector se echa a temblar de nuevo ante el enfado de un colectivo estibador más fuerte y más tenso hoy que ayer.
Plazo para seguir negociando. Ampliación del margen para dialogar convenios. Eso parece que es lo que se demanda. Como ven, como siempre hemos dicho, vuelve a haber problemas de comunicación. Lo malísimo es que los problemas de comunicación generan nuevos problemas de comunicación, que llevan a problemas de todo tipo. De entre esos daños colaterales, figura uno que no sé a ustedes pero a mí me preocupa. Y es que estamos condenados, si el sector no lo soluciona internamente, a una nueva época de tener que leer y escuchar toda serie de informaciones inexactas y opiniones retorcidas, no ya en la prensa especializada, que ya contamos con ello, sino también en la generalista. Esa que sigue interesándose en la logística, gracias al enfoque que transmiten algunos políticos, tan sólo para describir las miserias de los puertos, existentes o inventadas.
Siempre he sido partidario de la luz y los taquígrafos, también para nuestro sector. Pero ya dudo. A veces pienso que sería mejor levantar vallas, imponer silencio, hacernos invisibles. Lo que fuera, para que nos dejen en paz. Conjugar la palabra huelga es como hacer ruido ante los zombis del periodismo. Esos que andan arrastrando su triste profesionalidad en busca perpetua de algo que llevarse al folio en blanco, a través de su cerebro oscuro. Han oído huelga, y los veo girar hacia el sector, implacables, con el único objetivo de hincar el diente a un colectivo saludable para llevarse un llamativo titular para su cuerpo. Ahora se traza la negra sombra de la huelga en el horizonte. Y los rellena espacios sin fundamento ni conocimiento ya se están relamiendo y afilando sus sinónimos de opacidad y oscurantismo. Lo de los puertos como primordial caudal de la economía de la zona a la que sirven, se está quedando atrás, para dar paso a los puertos como núcleos de molestias y de conflictos, donde gente que se lo lleva crudo quieren más y más. No pierdan tiempo intentando explicarles o razonar con ellos. Solo quieren morder.
Tenga cuidado el amigo lector y esfuércese para distinguir entre lo publicado y lo real. En ese análisis no deje nunca de cuantificar qué parte de culpa tenemos cada gremio, cada empresa. Así nos acercaremos a la verdad y nos alejaremos de alimentar a los zombis y su deseo de que el puerto y el mundo en general pase a ser tan oscuro y despreciable como ellos.

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