Puchero portuario

Paco Prado

El pasado viernes estuvimos en un evento clásico y distinto. Prensa, políticos, dirigentes de la APV y máximos representantes de los portuarios juntos en una sala, para tratar temas de máximo interés. Allí charlamos unos con otros, los portuarios dieron cuenta de sus motivos y razones y los demás reflexionamos sobre su comportamiento y su actitud. Hasta ahí lo clásico.
Lo distinto era hacerlo con una cerveza en la mano, con una gran sonrisa en el rostro, bromeando unos con otros, estando todos totalmente de acuerdo. Qué gusto. Se inauguró oficialmente el Puchero Portuario en el Grao de Valencia. El Distrito Marítimo cuenta con un nuevo gramo de solidaridad paliativa de la injusticia. Un nuevo punto de apoyo para todos los que lo merecen, que son... todo el mundo. La iniciativa, promovida y concretada por Coordinadora Solidaria, con la colaboración de SanLucar Fruit y la Asociación Casa Grande, tiene como objetivo, en palabras de sus responsables, "contribuir a paliar necesidades básicas de alimentación de personas y familias que se encuentran en situación de vulnerabilidad, y contribuir a que los usuarios desarrollen las habilidades y herramientas que les permitan ser autosuficientes y mejorar su situación sociolaboral". Casi nada. Primero se cercioran de que determinadas familias necesitan, realmente, apoyo para lo más básico. Tras esa criba, se les entrega comida para llevar, cada día, para toda la familia, además de activar aulas de formación orientada al empleo. El proyecto está en marcha hace semanas y ya se atienden a decenas de familias a diario. Se puede llegar a más y se llegará a más. Lo que se inauguró el otro día fue una realidad palpable, no una promesa o un suponiéndonos, que es lo que suele ocurrir en el mundo político. A veces hemos explicado con detalle las miserias de este o aquel colectivo. Hoy toca quitarse el sombrero ante este logro concreto de los estibadores, de las personas, de Paco Masiá, Arantxa Vivó, Pepe Moratal o Humberto (con hache) Nácher, de los cocineros y de todas las gentes que colaboran con esta ambiciosa, loca y reconfortante iniciativa. A veces el sector, en algún momento, en algún evento puntual, se llena de buen rollo entre unos y otros y nos da una inmensa alegría vivirlo y cierta pena el que no sea siempre así. Viendo que es posible, que la logística tiene más que festejar que lamentar, no renunciamos a seguir suspirando porque un sector tan privilegiado celebre su fuerza y su suerte, cada día, unos con otros. De momento el otro día nos reflejamos en los que menos tienen y eso nos recordó que no estamos tan mal. Ocurrirá con esta iniciativa, como suele ocurrir en otras similares, que habrá quien, para no reconocer el mérito del Puchero Portuario, suelte por su boquita esto o aquello de estos o aquellos. Puede ser. Igual hasta tienen razón. Pero nada quitará el mérito concreto de lo que se ha conseguido. Hablar bien de los estibadores no es un ejercicio muy extendido que digamos. Pero ante estas y otras ideas y realidades similares no me queda ni quiero que me quede otra que quitarme el sombrero. Mi más sincera felicitación por el esfuerzo, económico, mental y físico que ha puesto ese colectivo, mi enhorabuena por los frutos que ya se cosechan y por el efecto multiplicador que ese ejemplo puede llegar a generar. El amigo lector puede criticar si quiere, pero mientras... hagan algo igual, o similar. Gracias.

Relacionadas

 
Opinión

La inauguración de la Terminal Norte

La discrepancia creciente que están mostrando algunos políticos con el principal caudal de la economía valenciana, el Puerto de Valencia, tiene a los profesionales logísticos sumidos en una perplejidad que empezó siendo enfado y está cuajando ya en una seca y profunda tristeza.  Digo políticos valencianos en general, porque si llamativas son las declaraciones de unos, mucho más llamativos son los silencios o las tibiezas de otros.

 
Opinión

Cómo celebrar 150 años

El implacable paso del tiempo tiene también sus partes positivas. Una de ellas es que ya podemos comparar. Cienes y cienes de saraos, celebraciones, cócteles y derivados hemos podido vivir y sobrevivir en estos 33 años de observación diaria del sector.