Comunicar para entendernos

Paco Prado

Puede que todavía haya esperanza para que el sector logístico en España alcance el nivel de generador de riqueza y empleo que puede llegar a alcanzar. Ese positivismo nace al ver entre los distintos gremios y profesionales logísticos una creciente vocación de diálogo, de comunicación, de encuentro.
Esta semana hemos vivido en nuestro país casi una decena de eventos de intercambio de comunicación logística. Desayunos informativos, comidas-coloquio, conferencias logísticas, premios logísticos, viajes de promoción... todo vale con tal de acercarse los logísticos entre ellos y la logística al usuario final, en Madrid, Barcelona, Valencia, China, Japón o Vietnam. Si esa intensidad de comunicación logística se mantuviera, aunque sólo fuera en parte, más pronto que tarde nuestro sector tendría una imagen mucho más reforzada y positiva, además de allanarse el camino para conectar y colaborar más y mejor unos eslabones con otros. Esa comunicación positiva, casi orgullosa, deberá coger más y mejor impulso para afrontar con ella retos de gran calado todavía tenemos en el horizonte, como el establecimiento de un marco normativo consensuado y duradero para la estiba. Esa será la enorme, casi definitiva, prueba de fuego para el diálogo y el sentido común. Ese diálogo sólo será posible si hay encuentros previos, acercamientos previos, diálogo previo, sin tomar decisiones, sólo para recoger datos reales de la catadura de cada cual, que suele parecer mucho mejor cuando las distancias son cortas y el conocimiento el uno del otro crece. Realmente, con que los logísticos nos diéramos cuenta de toda la enorme importancia de nuestro sector, tendríamos mucho ganado para plantarnos delante de los políticos y hacerles entender de qué estamos hablando. En esa segunda fase estamos a años luz del objetivo. Oímos todos los días a autoridades locales, autonómicas y nacionales, llenarse la boca con eso de que la logística tiene una importancia máxima y que la van a apoyar a muerte. Faltaría más. De esos que tanto hablan, creo a unos pocos. Sin duda me sobrarían dedos de una mano para contar a los políticos a los que creo cuando dicen que están por la labor de apoyar la logística. Puede ser que un secretario de estado se crea el tema, o un presidente de una autonomía, o un secretario autonómico, pero si no expande su pasión por todo el equipo, hacia arriba y hacia abajo, no habremos conseguido nada. Asistimos a reuniones, ruedas de prensa, presentaciones de este o aquel proyecto para reforzar este o aquel puerto, seco o no. Pero se les ve en la forma que el fondo no tiene el calado, creciente, que requiere la logística de hoy y de mañana. Lo que está en nuestra mano, y ahí, crucemos los dedos, parece que vamos por buen camino, es reforzar el concepto de colectivo unido como una piña auque sólo sea para determinados temas. Conseguido eso, ponernos delante de los mandatarios y exigirles las inversiones con más retorno será una fase siguiente, compleja pero perfectamente conseguible. Si no somos capaces de que nos atiendan en la justa medida, la que marca que hay que invertir donde más rendimiento se saque, nos habremos de quedar en la primera fase, en la de reforzar la unidad, y por tanto la fuerza, del sector. Si eso lo logramos en toda su magnitud, serán esos mandatarios esquivos los que anden detrás de la logística como ahora vamos nosotros tras ellos. Sigamos así. La comunicación, mucha y de calidad es conocimiento. Si nos conocemos yo creo que nos entenderemos. Y no habrá quien nos pare.

Relacionadas

 
Opinión

La inauguración de la Terminal Norte

La discrepancia creciente que están mostrando algunos políticos con el principal caudal de la economía valenciana, el Puerto de Valencia, tiene a los profesionales logísticos sumidos en una perplejidad que empezó siendo enfado y está cuajando ya en una seca y profunda tristeza.  Digo políticos valencianos en general, porque si llamativas son las declaraciones de unos, mucho más llamativos son los silencios o las tibiezas de otros.

 
Opinión

Cómo celebrar 150 años

El implacable paso del tiempo tiene también sus partes positivas. Una de ellas es que ya podemos comparar. Cienes y cienes de saraos, celebraciones, cócteles y derivados hemos podido vivir y sobrevivir en estos 33 años de observación diaria del sector.