La necesaria crítica y la mala baba

Paco Prado

No es lo mismo calificar datos que exagerar mentiras. Ofrecer puntos de vista sobre una realidad constatada que lanzar superlativos sobre falsedades. Se entra demasiado a menudo en la descalificación, personal incluso, para atacar algo o a alguien bajo la premisa de que molo mucho si soy un periodista agresivo y faltón, olvidando lo poco que mola la demagogia, la desinformación y la mala baba.
Me fastidia comprobar cómo personas de mi entorno se sienten realmente dolidas cada vez que se ataca gratuitamente este o a aquel puerto, como si de un muñeco del pin pan pun se tratara. Por supuesto que un puerto, como todo, puede ser perfectamente criticable, pero también creo que ni la crítica a un Puerto ni a nada se debería basar casi exclusivamente en la inquina personal, y menos cuando se es un profesional de la comunicación, y todavía menos cuando se está haciendo daño a personas, humanas, además. La condena que sufre el Puerto de Valencia, como otros puertos, con alguna prensa generalista es digna de análisis económico y sociológico. Me refiero, insisto, a esas críticas en las que la mayoría de los conceptos vertidos tienen un componente de subjetividad negativa que lo invade todo o casi todo. Criticar, no estar de acuerdo con algo, es especialmente santo y sabio, necesario incluso. Pero para que criticar algo sea santo y sabio es preciso... que ese algo exista. Cuando se critica sin fundamento, el que aparece criticado es el propio crítico. Da igual qué partido gobierne, quién esté al frente de la institución, de qué proyecto se está hablando, o si el asunto en cuestión se concretó hace cinco lustros o cinco siglos. Nada garantiza que no surjan, de golpe, críticas furibundas, insultantes incluso. El puerto se muestra como chapapote, que, según ellos, mancha a todo y a todos a los que roza. Es llamativa la pasión que ponen en atacar a una infraestructura que es, además, el principal caudal de la economía de la zona. Y que lo hagan, a veces, mezclando datos falsos con opiniones totalmente personales. Los primeros no debieran ser consentidos, mientras que las segundas pueden ser muy respetables siempre que su fundamento no sea exclusivamente la mala baba. No crean que estos problemas los vive sólo el Puerto de Valencia. Las relaciones de los puertos con las ciudades siempre han sido, en muchos puertos, especialmente difíciles, algo muy raro si tenemos en cuenta que muchas de las ciudades más admiradas y envidiadas son, precisamente, ciudades con grandes puertos o ciudades portuarias como gustan de llamarlas los anti puertos. Pasa con estos críticos lo mismo que ocurre con los políticos en la oposición, que proponen todo tipo de barbaridades, bajo el paraguas protector de que saben que nunca se van a concretar. Con todo y con eso, como vengo escribiendo sistemáticamente desde hace 32 años, algo habría que hacer. Y ese algo es sencillo y es fácil, sobre todo ahora que hay agendas electrónicas: no olvidar. Distinguir a quien insulta sin fundamento alguno, entrando en lo personal como caballo en cacharrería. Y tomar nota no es para perjudicar a nadie, que no somos malos ni vengativos y, además, queremos que todos los seres vivos tengan felicidad plena. Se trata de no olvidar para, sencillamente, no hacer la pelota a quien desprecia nuestro modo de vida y, lo que es mucho más importante, nuestros sentimientos. Puede que fuera suficiente con eso, con no hacerles la pelota, con no dorarles el ego, con castigarles a la indiferencia hasta que dejen de joder gratis.

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