Juegos de barcos

JAIME PINEDO Bilbao

“Hoy las ciencias adelantan, que es una barbaridad”, le decía Don Sebastián a Don Hilarión. “¡Es una  brutalidad!”, le  respondía éste. “¡Es una bestialidad! ¡Es una bestialidad!”, insistía Don Sebastián. No hace falta recurrir a esta escena de la zarzuela “La verbena de la Paloma” para caer en la cuenta de que, efectivamente, las ciencias, el mundo, avanzan a velocidad de vértigo. Tanto en 1894 como ahora.

Estaba yo el pasado sábado a mediodía en la playa, desparramado en la hamaca a punto de perder la consciencia, cuando en un impulso repentino me incorporé, poniendo mi mano derecha a modo de visera, para otear el horizonte marino en busca de barcos con los que   revivir mi infancia en aquella misma playa,  junto a aquella misma roca, al socaire del viento “barrendero” del nordeste.

Por aquel entonces, mi padre, con el sombrero de paja Panamá proyectando sombra sobre sus ojos, me diría: “¿Jugamos a los barcos, Jaime?” Y yo, feliz, pondría mi mano derecha a modo de visera para otear el horizonte marino y comenzar a contar: “Uno, dos, tres...cuatro....”  Y tras varias pausas, seguiría contando: “Cinco...seis...siete...”. 

“Todavía te faltan tres”, me advertiría mi padre. Yo, volviendo mi mirada a sus ojos ensombrecidos por el ala del sombrero le preguntaría: “¿Estas seguro, aita?”  Y él, sonriente, se quitaría el sombrero para acercar su cara a la mía y con su dedo índice apuntando al mar volvería a contar, hasta 10, señalando a cada barco. “¿Ves cómo si?”

“¿Jugamos a los barcos?”, le dije el pasado sábado a mi hijo, oteando el horizonte con la mano a modo de visera. Y él, antes de responderme con un sí o con un no, desenfundó su teléfono móvil y en menos de 20 segundos disparó: “El blanco de  la izquierda es el ‘Berlín’, un barco de pasajeros construido en 1980, con bandera de Malta, que ha salido de Burdeos con destino Santander”. “Aquel azul más al fondo es el ‘Patria’, un barco de carga general con bandera  de Chipre construido en 1995 que ha salido también de Burdeos pero con destino Ribadeo”. “Y aquel otro de la derecha -siguió- es el ‘Santana Berria’, un pesquero de Getaria”. “¿Quieres saber más, aita?” “No, no hace falta hijo”, le respondí en tono cariñoso, acordándome de mi padre, de su sombrero de paja Panamá, del roce de su mejilla con la mía, de su dedo índice apuntando a los barcos que mi vista de niño no había conseguido distinguir entre los dos azules: el cielo y el mar.

Además de la aplicación VesselFinder tengo también la de FlightRadar. ¿Quieres saber también de dónde viene y a dónde va el avión que está pasando justo ahora mismo por encima?”, me preguntó instantes después mi hijo, queriendo demostrarme con ello su habilidad en el manejo de las nuevas tecnologías.  “Sí, sí, dímelo”, le dije en un intento de querer mostrar  interés y no parecer descortés.

Las ciencias siguen adelantando que es una barbaridad. La tecnología nos facilita la vida y el trabajo. Y VesselFinder es una magnifica herramienta para rastrear los movimientos de los barcos, conocer sus características y prever sus llegadas a puerto. Pero es más relajante sentarse frente al mar, mirar al horizonte y contar barcos, imaginando de dónde vienen y a dónde van. ¿Verdad, aita?

Relacionadas

 
Opinión

Charcos y charcas

Ya tenemos aquí la Cumbre del Clima,  la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25), a la que está previsto que asistan delegaciones de 196 países. Supongo que entre ellos  estará Vanuatu, una minúscula isla del Pacífico Sur que, de ser catalogado como el país más feliz del mundo, ha pasado a ser el kilómetro 0 de un cambio climático que está destrozando la isla y tornando la felicidad de sus poco más de 250.000 habitantes en pesadilla.   El  mar sube cada año 11 centímetros en las islas del Pacífico Sur, donde los ciclones han aumentado un 20% y la temperatura media crece un grado cada año. La alerta está más que justificada.

 
Opinión

Encallados

El buque mercante “Blue Star”, un quimiquero de 129 metros de eslora que navegaba sin carga  bajo pabellón maltés de Bilbao a  A Coruña, encalló a las 23.50 horas del pasado viernes en la costa de Ares, un municipio gallego situado en la provincia de A Coruña, en las Rías Altas, sin que hubiera que lamentar daños personales, medioambientales o materiales, más allá de los que pueda sufrir el casco del buque.

 
Opinión

1994

En los tiempos que corren, o más bien, vuelan, a veces viene bien detenerse un momento y echar la vista atrás para luego volver a mirar al frente con la determinación de quien sabe bien de dónde viene y también a dónde quiere ir. De ahí que las personas seamos tan dadas  a recordar y a celebrar los aniversarios con una indispensable dosis de nostalgia, con el pensamiento puesto en un pasado que se recuerda con cariño.