La obligada ejemplaridad del CPE

Paco Prado

Interesante momento el que viven los portuarios de Valencia, colectivo de especial relieve en el conjunto de los estibadores de España. Tras las elecciones sindicales de la próxima semana, nadie debe pensar que es lo mismo que gane Coordinadora, Solidaridad Obrera, CGT, CCOO o UGT, por citar algunos.

| 8 febrero 2019

Cómo se han afrontado los conflictos en la estiba, lo que se consiguió y cómo se consiguió se expone al examen de las urnas. Los 1.500 portuarios y portuarias valencianos, en función de su voto, indicarán si aspiran a la evolución, al continuismo, la moderación o la confrontación. Pareciera, venteando el ambiente electoral que se vive, que el colectivo acude dividido y enfrentado a estos comicios. Puede que así sea, pero mucho más cierto es que esa división, si la hubiera, quedará en nada en cuanto se cree el nuevo comité de empresa. Habida cuenta de que la unidad de acción sindical es la esencia de su empleo y de sus condiciones laborales, las elecciones sindicales tienen algo de asamblea general, consejo de administración y comité de dirección. No sé por qué sospecho que a los estibadores portuarios les preocupa más qué sindicato arrima el ascua a su delegado, que saber qué empresas forman parte del CPE, quién las dirige, qué filosofía o qué cultura empresarial manejan. Hay muy pocas empresas con el potencial de mano de obra y de facturación que tiene el CPE. Ninguna tan poco conocida por el gran público y ninguna con unos parámetros de poder tan singulares. Si yo fuera portuario estaría contento, por supuesto, por trabajar poco y ganar mucho, por gozar de la rotunda unidad que gozan para afrontar retos de futuro y, por encima de todo, porque en su mano está que ese futuro sea incluso mejor. La preocupación vendría y vendrá si se sigue pensando, hablando y actuando con la idea casi única de mantener estatus y prebendas. Sólo hay una forma de mantener esas envidiables condiciones laborales: aspirando a más. Ojalá que el sindicato ganador sea ambicioso y no se conforme con lo que hay. La aspiración debe ser la de modernizar al máximo, desde la raíz a las puntas de las grúas, el sistema de la estiba. Estar mejor es posible. Ganando todos a base de que los mismos estibadores sean cicateros con la indisciplina, la seguridad, la modernización, el ecologismo y la productividad. Los CPE son, nos olvidamos de ello con demasiada frecuencia, grandes y muy potentes empresas, generadoras de empleo de calidad como pocas, con una economía saneada y, lo que es rotundamente más importante, con perspectiva de un futuro cada año mejor.  Todo esto les otorga un ineludible compromiso de ejemplaridad. Al igual que al sector hay que pedirle las altas metas que puede, y por tanto debe, alcanzar, al CPE hay que exigirle que no sólo sea ejemplo de condiciones laborales envidiables, sino que lo sea de todos y cada uno de los parámetros exigidos a cualquier gran empresa.  Me consta que la filosofía de empresa de la nueva gerencia del CPE está totalmente volcada en esta línea. La semana que viene sabremos qué sindicato conforma el comité de empresa. Con eso ya tendremos los dos ingredientes para aspirar, sin excusas, a convertir el CPE en un ejemplo a seguir. En todo.


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