Lo que no está escrito

Paco Prado

Repasando el magnífico trabajo sobre el RDL de la estiba de nuestro admirado Miguel, sus claves, pros, contras, flecos… vemos que el tema sigue siendo complejo. Mucho. Y que su complejidad sigue procediendo de donde siempre… de los matices. Todo eso de los CPE, ETT, subrogación, jubilaciones, acceso a la profesión… está muy bien, pero… ¿podré comer de todo?

| 5 abril 2019

Quiero decir que lo fundamental, lo que interesa a todo el sector logístico, será una duda hasta que no pase cierto tiempo y veamos cómo caza la perra. Quizás entonces, en un futuro no muy muy lejano, logremos descifrar las eternas incógnitas: ¿conseguiremos que las empresas vean a los portuarios como aliados y no como enemigos? ¿Se comportarán, todos los estibadores, siempre, como valor añadido de las terminales, de los puertos y de la carga? ¿Alguna vez estarán todos en el mismo bando y no en distintas bandas? Preocupa si algún día considerarán las empresas a los estibadores como uno de los motivos del éxito. Si algún día se considerará que la buena marcha de nuestro sistema portuario es, en parte, gracias a los portuarios y no a pesar de ellos. También preocupa si el colectivo estibador será capaz al fin de hacer efectiva autocrítica, de lograr que cuando se hable de vicios, laborales y de los otros, no se argumente que “son unos pocos” y, en cambio, se ponga el grito en el cielo y se establezcan los mecanismos para reconducir o expulsar a las ovejas negras, a las manzanas podridas. Preocupa si entrarán en el censo o en el cesto los mejor preparados y no los que mejor árbol genealógico tengan. Preocupa si la disciplina mínima dejará algún día de ser opcional. Si se considerarán las medidas de seguridad como algo totalmente irrenunciable, sin las cuales, sencillamente, no se podrá acercar ningún estibador a su puesto de trabajo. Si la productividad será al fin tan importante como lo exige el mercado. Si algún día sentiremos, aunque sea durante un tiempo, que empresarios, inversores, clientes y portuarios van todos a una.

El Real, el Decreto, la Ley… siempre han ido por su lado y las normas, las reglas, las costumbres, las tradiciones en los muelles han ido por el suyo, aunque a veces, algunas veces, coincidieran. Y todo de la mano de un consentimiento o pasividad de empresas y administración que, por cierto, tampoco ha dado tan malos resultados.  

Conseguir un sistema de trabajo mejor, en el que ganen todos, es siempre complicado, pero lo es menos en un sector en el que crece la actividad cada año, en el que las posibilidades de desarrollo son inmensas. Hay margen de mejora y es obligatorio buscarlo, sin negar el pánico que da saber que también se puede empeorar.

Hoy, después de ayer, toca ser optimistas. Los estibadores dicen estar contentos, a los empresarios parece que les parece bien. Pues… vamos a trabajar, que esa es la única fórmula que conozco de que podamos comer de todo. Los entresijos del nuevo panorama normativo iremos desmenuzándolos más a fondo en estas páginas. Será importante leer la letra pequeña y la diminuta. Pero más importante será tener en cuenta aquello que ni siquiera está escrito, pero que pesa tanto como todo lo demás: la voluntad de unos y otros de dar al sector logístico portuario el inmenso desarrollo que puede, y por tanto, debe alcanzar.  



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