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A Donald Trump no le temblará el pulso con los aranceles

  • Última actualización
    28 enero 2025 05:20

Donald Trump cumplió ayer una semana como presidente de Estados Unidos, y lo hace con la idea de imponer aranceles a los productos que Estados Unidos importa. Y al resto del mundo nos toca contener la respiración para ver si es una amenaza o una realidad. El primer indicio para poder intuir el comportamiento de Trump lo encontramos en Colombia. Como saben ustedes, el presidente de EEUU inició la deportación al país latinoamericano de ciudadanos colombianos que, según Trump, se encontraban en el país de forma irregular. Ante la negativa inicial del Gobierno de Gustavo Petro de permitir la entrada de esos vuelos, la repuesta del presidente de Estados Unidos fue contundente: elevar los aranceles a las importaciones de Colombia un 25%. Petro tardó horas en echarse atrás.

A lo largo de la historia, los aranceles han sido utilizados como una baza con la que presionar al país de enfrente. Pero no es menos cierto que en esta época de la historia su utilización torticera cobra una especial importancia, sobre todo por el peso que tiene el comercio internacional para el crecimiento de la economía mundial y el desarrollo y bienestar de los ciudadanos. A nivel general, se entiende que la reducción de las barreras comerciales -como los aranceles y las cuotas de importación- trae más beneficios que desventajas. La tendencia global en la que estábamos inmersos hasta ahora es la de trabajar en la reducción de esas barreras. O eso al menos es lo que lleva haciendo la Organización Mundial del Comercio en los últimos años. No obstante, la realidad nos dice que cada vez son más las economías que apuestan por implementar medidas proteccionistas.

Hay que preguntarse si el sector logístico puede aguantar una imposición generalizada de aranceles que reduzca el comercio internacional con Estados Unidos

A mi modo de ver, lo que no parece entender Trump es que un excesivo proteccionismo no va a enriquecer a los ciudadanos de Estados Unidos -tal y como dijo en su discurso inaugural-, sino que puede desembocar en todo lo contrario, ya que limitará la competitividad internacional de las empresas, reducirá la disponibilidad de productos foráneos y, consecuentemente, las posibilidades de elección de los consumidores, y, sobre todo, encarece el precio final de esos productos.

El sector logístico deberá estar alerta ante la decisión que tome Trump: habrá que ver si el actual presidente de Estados Unidos opta por imponer aranceles caso por caso a los países que no se alineen con su forma de ver el mundo -véase el caso de Colombia- o si por el contrario establece restricciones sea cual sea el mercado de origen. Las barreras arancelarias también tienen impacto en las cadenas globales de suministro, sobre todo por el hecho de que la respuesta a esos aranceles puede ser imponer nuevos aranceles a las importaciones desde Estados Unidos, lo que generaría una guerra comercial.

A Donald Trump no le va a temblar el pulso a la hora de imponer esos aranceles, bajo el argumento de fomentar la producción nacional, reducir la dependencia de terceros países y aumentar la seguridad nacional. Y llegados a este punto hay que preguntarse si están dispuestas las empresas estadounidenses con intereses internacionales a soportar una guerra comercial; o si el sector logístico puede aguantar una imposición generalizada de aranceles que reduzca el comercio internacional con Estados Unidos. Hoy por hoy, la ruta transpacífica es una de las que más demanda soporta en la actualidad. ¿Está dispuesto Trump a poner en jaque a una parte de la economía de Estados Unidos?