El pasado mes de noviembre, Pedro Pablo Hernández asumía de forma ya definitiva y oficial la presidencia de la Autoridad Portuaria de Cartagena. Atrás quedaban 21 meses de interinidad tras la salida su predecesora del cargo, Yolanda Muñoz, un período en el que Hernández ejerció en la práctica como presidente de la entidad portuaria. Si bien esa interinidad se presumía corta, lo cierto es que la decisión se fue dilatando en el tiempo, llegando a una situación que tenía pocos o ningún antecedente en el sistema portuario español. Sea como fuere, y tras su publicación en el Boletín Oficial del Estado en noviembre, Pedro Pablo Hernández asumió con todas las de la ley su nuevo rol.
Y ayer, con la celebración del acto de su toma de posesión, me vino a la cabeza el nombre de Christopher Emmanuel Balestrero, protagonista de “Falso culpable”, la película de Alfred Hitchcock. Balestrero, músico de profesión, es confundido con un ladrón, lo que le llevará a vivir una auténtica pesadilla hasta poder demostrar su inocencia. La maestría de esta historia no radica en la inverosimilitud de los acontecimientos que vemos en “Vértigo”, “Psicosis”, “Con la muerte en los talones” o “Los pájaros”. La maestría en este caso está en cómo el genio del suspense maneja los hilos de una historia dolorosa y asquerosamente real, porque la película está basada en un hecho real. Y esto conlleva que, como espectadores, estemos obligados a contemplar el lento y parsimonioso tránsito de los hechos hasta su desenlace en un proceso lleno de impotencia, amargura y desesperación. Si ustedes la han visto, sabrán de lo que hablo; sino es así, les recomiendo encarecidamente que intenten verla. Creo que podría decirse que es uno de los mejores trabajos de Henry Fonda, con permiso de “Doce hombres sin piedad”.
El nombramiento del presidente del Puerto de Cartagena se dilató demasiado en el tiempo
Críticas cinematográficas aparte, y salvando obviamente todas las distancias entre la película y el nombramiento de Pedro Pablo Hernández, creo que sí podremos convenir que el nombramiento del presidente del Puerto de Cartagena se dilató demasiado en el tiempo, sobre todo porque, con el desempeño realizado por Hernández durante ese período de interinidad, todos los que seguimos de alguna manera la actualidad del enclave cartagenero sabíamos que la decisión más natural, lógica y -lo que es más importante-, acertada, era la de que había que dar rango de oficialidad al trabajo realizado por Pedro Pablo Hernández. Su gran éxito ha sido que el Puerto de Cartagena no ha entrado en esa especie de impass en el que entran muchas instituciones públicas cuando quien las dirige sabe que está de paso, sino que los proyectos que estaban en marcha continuaron con fuerza, sobre todo en un momento en el que el mercado marítimo y portuario es más exigente que nunca.
Un importante directivo portuario español me reconoció durante la celebración del “III Encuentro Bienal para Analizar el Sistema Portuario Español”, organizado por Diario del Puerto, cierta desesperación en este caso. Aunque era conocedor de todas las variables políticas que influyen en el nombramiento de un presidente de un puerto español, no entendía a qué esperaba el Gobierno de la Región de Murcia en oficializar la situación de Pedro Pablo Hernández. “Es de justicia hacerlo, se lo merece”, llegó a decir. Y no puedo estar más de acuerdo. En estos momentos, es la mejor opción para llevar al puerto de Cartagena hasta donde le corresponde estar, y para no renunciar ni a la futura terminal de Barlomar ni a la Dársena de El Gorguel, dos proyectos que deben ser una realidad si no queremos que la dársena murciana muera de éxito.