Recientemente, Cepyme, la principal patronal de las pymes en España, hacía público su último informe sobre la situación de las pequeñas y medianas empresas. Y arroja una conclusión clara: el tejido empresarial español, compuesto mayoritariamente por esas pymes, está apostando cada vez más por ganar tamaño. A finales de 2024, el número de las grandes compañías -aquellas que tienen más 250 trabajadores en plantilla- aumentó un 19,5% respecto a antes de la pandemia. No obstante, la cruz de esta moneda es que este crecimiento no se produce como consecuencia del nacimiento de nuevas sociedades, sino a costa de la destrucción de aquellas con menos de 10 asalariados. Según el estudio de Cepyme, desaparecieron el pasado año un total de 11.300 pequeñas empresas, lo que supuso un 1% menos. La patronal atribuye esta circunstancia al aumento de los costes totales empresariales que acumulan un alza del 24,5% desde 2019, una subida impulsada, según el informe, por el incremento de los costes laborales, que estiman del 25,1% en el caso de las microempresas y empresas pequeñas y del 19% en las medianas.
Bien es cierto que ese 1% menos, en un gran océano plagado de gotas en forma de pymes, puede no significar mucho. No obstante, sí es verdad que puede suponer un cambio de tendencia cuya evolución no debemos perder de vista. Y no debemos hacerlo porque, en tiempos convulsos como los actuales, ganar tamaño ha pasado de ser un reto -entendido como un objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta- a ser una necesidad. Vean la sutil diferencia. El reto es algo que podemos dejar orillado un tiempo dentro de esa “carpeta” de asuntos importantes que ya retomaremos cuando resolvamos lo urgente. Ese reto lo tomamos como un objetivo a medio y largo plazo, y podemos ir resolviéndolo por fases, a la espera de que la vorágine del día a día nos dé un respiro y podamos dedicarle algo más de tiempo. Sin embargo, una necesidad no es algo que podamos aparcar. Hablar de necesidad nos lleva a lo urgente, a algo que hay que resolver más temprano que tarde porque de ello depende, en buena medida, nuestra supervivencia.