Anda la Comisión Europea muy preocupada por lo que supondría de cara a la opinión pública en general y para el sector marítimo en particular una moratoria en la entrada en vigor de la aplicación del nuevo régimen de comercio de derechos de emisión de carbono (ETS). Para el organismo europeo, un retraso o pausa en la implementación de este sistema daría una imagen de inseguridad jurídica que en nada beneficiaría a la propia industria del shipping.
Analizado fríamente, podemos encontrar cierta lógica en este razonamiento. Casi es mejor saber a lo que tienen que atenerse a partir del 1 de enero de 2024 las compañías navieras, empresas consignatarias y estibadoras, autoridades portuarias y toda la masa laboral vinculada a este sector que andar esperando angustiados el final de un período de gracia o adaptación más largo. Esto suena un poco a como cuando a nuestros padres y abuelos les castigaban y les decían aquello de “es por tu bien”, “me ha dolido más a ti que a mí” o “cuando seas mayor lo entenderás”.
Ironía y bromas aparte, lo cierto es que la argumentación de la Comisión Europea tiene la vida muy corta. Porque decir que se dota al sector con más estabilidad para justificar una medida de estas características no es más que una patada hacia adelante y una excusa para esconder dos situaciones bastante preocupantes. Por un lado, el poco interés de la CE en un sector como el marítimo frente a otras industrias como la del automóvil, que sí ha logrado una moratoria. Y por otro, y más grave si cabe, la descoordinación entre los diferentes organismos internacionales que tienen que velar por el cumplimiento de la reducción de las emisión de gases de efecto invernadero. La Comisión Europea hace la guerra por su cuenta mientras la Organización Marítimo Internacional hace lo propio, y en medio hay un sector que espera que estas instituciones se pongan de acuerdo mientras hace lo que puede.