Menú
Suscripción

Facilitadores, neutros y tocabolas

  • Última actualización
    21 noviembre 2024 05:20

La experiencia, que cada vez va siendo un poco más dilatada, me enseña que en esta vida hay tres tipos de personas. Los facilitadores, que se esfuerzan en que todo fluya; los neutros, que deambulan sin pena ni gloria, y los tocabolas, que son ese tipo de personas cuyo cometido principal no es otro que obstruir, torpedear, zancadillear... lo que viene siendo tocar las bolas en el sentido figurado de la expresión, vaya.

Sí, ya sé que se podrían establecer otras 217 categorías diferentes, pero ni me viene bien para esta columna ni vamos a hacer un tratado de perfiles psicológicos asociados al sector logístico, por más que esto último pudiera convertirse en un bestseller sin precedentes. No tengo duda.

Y como los dos últimos perfiles no aportan nada, prefiero centrarme en los primeros, en los que realmente son capaces de transformar sus acciones, gestos y palabras en inputs que suman.

Por no cerrarme en exclusiva al ámbito de las personas, quiero destacar que hay asociaciones, instituciones y empresas que también ejercen un papel fundamental como facilitadoras.

Por ejemplo, los colegios de agentes de aduanas y representantes aduaneros, integrados en el Consejo General, desarrollan desde hace décadas (siglos se podría decir) un trabajo excepcional para su colectivo. Una tarea callada, muchas veces ingrata, abrumada por la densidad de las nuevas normativas y un comercio internacional cambiante y volátil, que no suele ser reconocida y que presenta una utilidad absolutamente demostrada y necesaria. Son facilitadores de primer nivel.

Si un colegio ha sido capaz de mantener su actividad durante cien años y sigue a pleno rendimiento, es porque ha hecho las cosas bien y se ha sabido adaptar a las necesidades de cada momento. Tildarlos de arcaicos, viejunos o inmovilistas es no conocer la realidad de estas agrupaciones profesionales.

Personas capaces de transformar sus acciones, gestos y palabras en inputs que suman

Su carácter, especialmente reivindicativo, se ha forjado en una férrea defensa de la profesión, por encima de egos y particularidades, y se ha asentado en el sector como colectivo de referencia y actor fundamental con un protagonismo creciente en las decisiones que marcan el futuro del comercio internacional.

Del buen estado de salud de los Colegios nadie me tiene que explicar nada porque lo pude comprobar en primera persona en el Foro Aduanero celebrado en Málaga. Que las jornadas técnicas presentaran un lleno tras otro, con independencia de que fuera viernes o sábado, y que los asistentes mantuvieran una atención extrema e interactuaran con cada uno de los ponentes, es algo muy pocas veces visto y que merece la pena destacar.

Gran parte del mérito hay que atribuirlo al Consejo General, con Antonio Llobet al frente, por ser capaces de organizar un evento que respondió a las inquietudes y necesidades de los asistentes, pero no podemos dejar fuera de la celebración a todas y cada una de las personas, profesionales aduaneros, que asistieron al foro y que en su día a día se dedican a facilitar las cosas.

Finalmente, también debemos reconocer una magnífica labor facilitadora que es la llevada a cabo por la Autoridad Portuaria de Valencia tras el paso de la DANA. La institución no ha querido fallar a su compromiso y se ha volcado literalmente para estar a la altura de las circunstancias (pese a las dificultades y restricciones impuestas) a través de la comunicación, la coordinación, la habilitación de zonas disponibles, accesos, espacios, la interlocución con la administración y la disponibilidad permanente de los profesionales de la APV, entre otras muchísimas acciones que sería difícil enumerar. A cada cual lo suyo.