Siempre me pasa, da lo mismo que lo haya comentado mil veces; parece que la conversación se disuelve en los recuerdos del emisor como un azucarillo en una taza de rooibos de frutos rojos... Cuando regresa Fitur, la pregunta se reactiva -viva solo durante el tiempo en el que se responde-: ¿por qué los puertos van a Fitur?
Y ¿por qué pasa esto? ¿Por qué nos olvidamos de que los puertos hablan y colaboran con sus territorios? Pues porque, a pesar de los años que llevamos integrando los espacios que han quedado libres de la actividad portuaria en las ciudades, la percepción más extendida es que los puertos solo manejan toneladas, coches, graneles y contenedores. Pero, la colaboración puerto-ciudad es vital y, en consecuencia, no hay autoridad portuaria que se precie que no invierta su tiempo y recursos económicos en estar más cerca de las personas que conviven con la actividad. Lo harán en mayor o menor medida, atendiendo a sus posibilidades, porque el sistema portuario nacional no cuenta con un “copia y pega” de puertos, cada uno tiene su fisonomía y su tejido empresarial, pero lo que está claro es que siempre han estado (y están) ahí. Los desafíos turísticos a los que se han enfrentado los municipios con puerto de interés general se han batallado con la alianza del puerto y la ciudad y quien no quiera verlo, pues allá él.
¿Los desarrollos futuros de estas infraestructuras son iguales? En absoluto. ¿Por qué? Porque la escucha a las partes afectadas marca los pasos a seguir
Y ahora, cuando el escenario global está cambiando, los puertos también lo están haciendo. Nodos estratégicos de actividad, herramientas de competitividad del tejido productivo e impulsores del comercio exterior del país, los enclaves no solo se han marcado nuevos objetivos económicos, sino que sus planes de empresa incluyen sí o sí actuaciones de integración puerto-ciudad, de responsabilidad social y medidas correctoras de su huella de carbono. En consecuencia, nos encontramos con que el Ministerio de Transportes ha presentado cuatro proyectos de Puertos del Estado para ser financiados por el programa del 2% Cultural. ¿Cultura y Puertos del Estado? Sí, son.
Por cierto, por si alguien tiene curiosidad, los proyectos en cuestión son la rehabilitación de las fachadas y accesos de los tinglados del Muelle de Costa en Tarragona, la rehabilitación de la baliza nordeste III de Melilla, el Cable Inglés de Almería y la recuperación del Fuerte de Punta Carnero en Algeciras. Pero no os quedéis solo con estos, son muchos más.
En este punto me gustaría incorporar a la conversación lo que está sucediendo en dos puertos por divergente y al mismo tiempo consecuente. Los puertos de Málaga y de Palma están trabajando en sus planes especiales. En ambos casos, además, el turismo es una actividad que lidera la economía local y marca el ritmo de la ciudad. No hay duda al respecto: el turismo es muy, muy notable e importante. Pero ¿los desarrollos futuros de estas infraestructuras son iguales? En absoluto. ¿Por qué? Porque la escucha a las partes afectadas marca los pasos a seguir. Lo primero es atender las necesidades de la ciudadanía (variadas y particulares) y así lo han entendido Carlos Rubio y Javier Sanz, presidentes de las autoridades portuarias de Málaga y Baleares, respectivamente.
En Málaga se apuesta por nuevos espacios emblemáticos que aporten más visitantes y espacios y en Palma por conciliar las actividades que ya existen con la vida de los habitantes de la isla. Ambas propuestas son válidas y lo son porque responden a la prioridad absoluta de poner en el centro a las personas.
Ojalá todos los sectores económicos pudieran decir que hacen lo mismo. No es el caso.