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Nueve meses de paciencia

  • Última actualización
    18 febrero 2025 05:20

Ayer comenzaron las obras en el corredor ferroviario entre Sagunto, Teruel y Zaragoza, unos trabajos que se alargarán durante nueve meses, y que supondrán, a grandes rasgos, la electrificación, la renovación de la vía y la modernización de los sistemas de señalización. Las actuaciones van a tener una afectación total al tráfico de mercancías, y van a obligar a los convoyes que circulan por ella a buscar rutas alternativas, sobre todo por Tarragona.

Esta situación no gusta a nadie. No gusta a las empresas ferroviarias privadas, que ven cómo una infraestructura ya consolidada vuelve a echar el cierre y les obliga a cambiar sus planes. Ese cambio de planes no es gratis, porque las empresas van a tener que explicar por enésima vez a sus clientes que su carga cambia de itinerario para poder llegar a su destino. Esto supone nuevos horarios, nuevas dificultades operativas y, sobre todo, nuevos costes asociados a un sector que ya trabaja con unos márgenes demasiado ajustados. Y ahí radica el gran impacto para las empresas privadas ferroviarias. ¿Qué harán ante esta situación? ¿Estarán dispuestas a repercutir ese aumento de costes a sus clientes? Y, sobre todo, ¿estarán los clientes dispuestos a asumir no sólo cambios de itinerarios u horarios nuevos, sino, sobre todo, un aumento de las tarifas en el caso de que los operadores decidan revertir esos costes en los cargadores? Advertía Juan Diego Pedrero al respecto, no sin cierto tino en estas mismas páginas la pasada semana, que se corría el riesgo de que hubiera servicios que no pudieran prestarse porque ese cambio de itinerario los hacía inviables. Haría bien el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible en activar cuanto antes y sin demora las subvenciones por perturbaciones extraordinarias de tráfico para aliviar, en parte, la incertidumbre y fragilidad del sector privado ante esta nueva situación.

Haría bien el Ministerio de Transportes en activar cuanto antes las subvenciones por perturbaciones extraordinarias de tráfico

Esta situación no gusta tampoco a los operadores ferroviarios. Por un lado, la alternativa por Tarragona, aunque permite no cortar la circulación, sí va a obligar a cambiar el tipo de tracción, porque esta línea está electrificada, mientas que la que circula por Teruel lo hace con locomotoras diésel. Consecuencia: más costes adicionales. Por otro, supone dejar de utilizar una infraestructura ya consolidada en los últimos años tras las mejoras introducidas y que habían permitido la circulación semanal de unos 40 trenes, y, además, cargar con más frecuencias el corredor hasta Tarragona. ¿Habrá espacio para todos? ¿Habrá trasvase de tráficos y carga a la carretera? Sólo el tiempo lo dirá.

Pero veamos el lado positivo de esta situación, a riesgo de ganarme la enemistad de algunos de ustedes. Las actuaciones que se van a llevar a cabo en la línea entre Sagunto, Teruel y Zaragoza pueden redundar en una mayor capacidad de la línea, una ampliación que puede ser un aliciente para que este corredor se convierta en una alternativa real y eficiente a la carretera. Y precisamente son esas mejoras las que pueden servir para adaptar los actuales gálibos de esa línea a los de las autopistas ferroviarias. Ni ADIF ni la APV, impulsoras de las mejoras llevadas a cabo en los últimos años en esta infraestructura, cerraron la puerta a contar con una autopista ferroviaria en este corredor aquel frío día de noviembre de 2021 cuando visitaron el nuevo apartadero de Puebla de Valverde.

Soy consciente de los perjuicios que va a tener que soportar el sector antes unas obras de esta envergadura, pero creo que los beneficios de los que el sector ferroviario gozará después hará que el sacrificio haya valido la pena.