En el suma y sigue de barbaridades económicas de Donald Trump se van amontonando medidas cada vez más cortoplacistas y heavys. Hemos pasado de las conquistas de territorios, como si de repente volviésemos a siglos pasados, a las amenazadas directas vía aranceles a sus vecinos, a la Unión Europea y al mundo en general.
La otra vez, porque este señor ya estuvo en la Casa Blanca, también hizo de la política internacional y la gestión económica su razón de ser. Impuso aranceles y medidas restrictivas; así que, tristemente, no sorprende que, de nuevo, amenace a la Unión Europea con los mayores aranceles de la historia.
La nueva orden ejecutiva del presidente de los Estados Unidos apunta que se aplicarán aranceles “recíprocos” con el resto de los países y se queda tan pancho.
A los aranceles del 25% a las importaciones de acero y aluminio que sacudieron las bolsas y planes de empresa de las grandes compañías del sector, se suman nuevas medidas que surgen, dice, de la necesidad de contar con un “campo de juego nivelado” frente a impuestos “injustos, discriminatorios o extraterritoriales”, porque en Europa (que es muy bonita, añade) se cobra IVA y eso encarece las exportaciones estadounidenses un 30%. Y no es así. Este impuesto se aplica a todos los productos importados y nacionales, así que no hay discriminación a las empresas de su país, ni mucho menos del 30%.
Trump apela al sentimiento de “se han aprovechado de nosotros”, para validar la “venganza” de gravámenes
Por otro lado, ¿quién es él para cambiar nuestro sistema impositivo? Parece que eso de la soberanía nacional no le suena... El IVA es un impuesto que nos permite financiar nuestro escudo social (sanidad, pensiones y bienestar, etc.) ¿A él qué le importa cómo recaudamos y gastamos nuestros dineros? Si todos jugamos con las mismas reglas, la libre competencia está garantizada. Fair play, sir.
Por otro lado, el sistema impositivo que está proponiendo (con mención expresa e interesada de mercancías como los automóviles, productos farmacéuticos, chips, etc.) no solo afectará a las ventas de la UE a Estados Unidos, sino también a la inversa. ¿O es que espera que los demás se queden quietos? Justifica sus decisiones sobre planteamientos inexactos o directamente falsos y apela al sentimiento de “se han aprovechado de nosotros”, “nos han estafado”, para validar la “venganza” de gravámenes.
Por supuesto, la cadena de suministro, al servicio del comercio exterior y herramienta de competitividad de la producción, está en alerta máxima ante todo este tipo de anuncios que no hacen otra cosa que calentar las bolsas, retener las nuevas inversiones y paralizar las ventas. Los volúmenes con Estados Unidos son relevantes porque es el primer socio comercial de la UE (19,7% del total), así que no estamos hablando de asuntos menores, pero es que el histrionismo al que nos tiene acostumbrados es tal que ya no nos lo tomamos en serio. ¿Y si no fuera un órdago? ¿Y si lastrar la economía de su país y del mundo para las próximas décadas no le importara?
Hablamos de que las estimaciones apuntan a que estos aranceles afectarían a 500.000 millones de dólares en exportaciones, lo que equivale a la mitad del PIB español. Uno de cada cinco euros que vende la UE en el exterior va a parar al mercado estadounidense.
Con China la partida ya ha comenzado. Al impuesto de Trump de un 10% adicional sobre las importaciones chinas, la respuesta ha sido: tarifas del 15% sobre el carbón y el gas natural licuado, y del 10% sobre el crudo, la maquinaria agrícola y algunos vehículos.
En Europa la negociación debe empezar inmediatamente porque supuestamente comenzarían a aplicarse el 1 de abril, así que hay prisa, hay prisa.