Preocupados como siempre pero más

Paco Prado

Opinaba ayer mi compañero, y sin embargo amigo, don Fernando Vitoria, sobre las elecciones al comité de empresa de CPE Valencia. Realizaba, como de costumbre, un sensato y fundamentado análisis, en esta ocasión con ciertos matices de preocupación.

| 15 febrero 2019

Creo que el tema, el resultado de las citadas elecciones, es de importancia tal que justifica que se reincida sobre él. Y sobre la preocupación que genera. Con los resultados salidos de las urnas de Valencia, no podemos dejar de pensar que el sector portuario va a estrenar un nuevo panorama. Y eso va a ocurrir cuando muchos empiezan a estar convencidos de que ya lo menos malo es que nos dejen como estamos.

Hay preocupación, como la hay siempre ante todo cambio, pero más. Se percibe en el aire la sensación de que podemos ir a peor. Sencillamente porque pueden salir perjudicadas la unidad del colectivo estibador y la comunicación entre ellos y las empresas.

Pedro Vicente, antes líder de Coordinadora, ahora líder de Solidaridad Obrera, en una entrevista publicada en este Diario en 2013, destacaba la importancia de la comunicación. “No vale la pena hablar de paz social si a la hora de la verdad no hay comunicación”, decía para quejarse de la “inexistente” comunicación que había entonces, a su entender, entre la Autoridad Portuaria y el colectivo estibador. Los portuarios se han quejado muchas veces, en medio de un conflicto, de que el problema real era que no tenían con quien hablar en el bando empresarial. Pues miren por dónde, tras las elecciones, todo parece indicar que a los empresarios les puede resultar un poco más compleja la comunicación con el colectivo estibador. Y eso asusta. Antes no había grandes puntos de acuerdo con los estibadores, pero había un gran interlocutor. Ahora los sindicatos no podrán negociar con las empresas hasta que negocien con ellos mismos. Un paso atrás. Además de salir la comunicación como gran damnificada, algo que ya de por sí puede acarrear daños colaterales graves, hay un segundo término que también ha salido singularmente dañado: la unidad del colectivo. Esa unidad es la que otorga a los estibadores todo lo que tienen. Su empresa, su jefe, quien les da de comer, quien les mantiene en su puesto de trabajo, no es el tráfico de mercancías, la Autoridad Portuaria o la terminal, es su unidad. Pareciera que poner en riesgo ese arma es conveniente para los intereses de las empresas. La unidad de los portuarios es la cruz de las empresas, pero, miren por dónde, sentir que se agrieta, tiene a los empresarios de la estiba preocupados como siempre, pero más, mucho más. La desunión puede derivar en inconcreción de intereses y de estrategias, algo que será malo para los portuarios y peor para las empresas, máxime cuando se avecinan tiempos en los que, otra vez, se va a necesitar especial talante de diálogo. Una vez más, la vieja pasión de cada cura por tener su campanario puede tener consecuencias especialmente negativas. En los próximos meses, el nuevo comité de empresa habrá de pasar una prueba de fuego en el imprescindible diálogo que se aproxima. Si la defensa de los intereses de los estibadores no está unida, con las ideas claras y la sensatez afinada, pueden pasar dos cosas: que pierdan su poción mágica, la unidad, y con ella tantas otras cosas, o que en la prueba de fuego nos quememos todos.


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