Referentes

Fernando Vitoria

Pasan los años y conforme avanzamos en este largo y sinuoso camino (gracias McCartney por alegrar el año de mi nacimiento) nos va quedando más claro que si algo necesitamos en la vida son referentes. Por lo menos yo lo veo así.

| 21 noviembre 2019

Es una evidencia que los más pequeños no hacen otra cosa que fijarse en los más cercanos para tratar de encontrar un espejo en el que retratatarse. Qué les voy a decir de la adolescencia, ese tramo de edad en el que uno no es persona si no  encuentra a alguien a quien parecerse (o algo, que también sucede).

Y así va pasando la vida hasta que se llega a ese estado de embriaguez permanente que algunos denominan madurez. Da la sensación de que cuando uno ha sobrepasado ciertas etapas de su vida se olvida de los referentes para tratar de convertirse en un referente en sí mismo.

Es ley de vida y es normal que así sea, pero en ningún caso es permisible renunciar a encontrar nuevos faros,  se tenga la edad que se tenga.

Los mismo sucede con la educación. Pienso, como muchos de ustedes, que nunca es tarde para seguir aprendiendo y que cada día tenemos oportunidades para seguir moldeando nuestra forma de pensar según nos vamos encontrando con nuevas personas y experiencias.

Como verán, se trata exclusivamente de humildad en dosis suficientes como para ser consciente de que no lo sabemos todo y que siempre podemos encontrar a quien que nos siga aportando  en positivo.

Sugiero que revisen mentalmente, en menos de cinco segundos, quién es su referente personal y quién es su referente profesional (ojo, vale más de una respuesta)... si no han sido capaces de responder en el tiempo indicado es que quizás deberían reflexionar al respecto.

Disculpen la intromisión porque no soy nadie para decirles lo que deben hacer, es sólo una sugerencia.

En el ámbito personal cada cual es libre, por supuesto, pero en el profesional me atrevo a indicar que es necesario apuntar hacia aquellas personas que son eso, buenas personas. Sin esta condición es imposible ser un buen empresario o un buen directivo. Y no hay gurú del management moderno en este mundo que sea capaz de refutar esta afirmación. Ahí queda el reto.

Soltado todo este chorreo con moralina gratuita no tengo más remedio que aterrizar en el aciago momento que vive la estiba en nuestro país. A la hora de escribir estas líneas, y ya es bien entrada la tarde, no había novedades de la reunión que se estaba celebrando en Madrid.

Considero que hay dos buenas noticias al respecto. La primera, simplemente, es que haya habido reunión y que exista intención de alcanzar un acuerdo. La segunda, que el encuentro se haya celebrado en la sede de Puertos del Estado, ya no sólo por lo que representa a nivel de globalidad y de aglutinar, sino porque de forma indirecta el organismo público demuestra su interés inequívoco en que la cuestión se solucione cuanto antes.

La verdad es que el órdago lanzado por Maersk a los estibadores ha dinamitado muchos de los argumentos de las dos plataformas... y no hay tiempo para lamentos.

Toca salvar la situación huyendo del ombliguismo que tanto daño nos hace a todos. Quizás, simplemente quizás, sería bueno detener la cumbre durante diez minutos para decidir cuál puede ser el referente de consenso. Digo.

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