Uber Freight

JAIME PINEDO Bilbao

Como nativo analógico, confeso y profeso, aún me quedan un buen puñado de gigas libres en la memoria de mi teléfono móvil. No tener Facebook, ni Twitter, ni Instagram, entre otras apps, es lo que tiene. No sólo me libera espacio para poder almacenar cientos de fotos absurdas e inútiles en la Galería, alimentando así mi síndrome de Diógenes digital, sino que me hace sentir una libertad que, a pesar de falsa, lo admito, me proporciona una extraña sensación de cobijo y seguridad.

Y no es postureo. Postureo sería presumir de no haber visto jamás un capítulo de Juego de Tronos. O del Señor de los Anillos. Ni siquiera un segundo. Y de ello puedo posturear y postureo. Sin embargo, los focos de resistencia digital se van poco a poco apagando. Voy entrando en vereda. De hecho, ya he entrado en el universo Uber. No en Bilbao, donde aún no existe, sino en el extranjero. Y confieso que me ha gustado. Es un servicio bueno, bonito y barato. Claro que uno no repara en qué porcentaje de la carrera se lleva el conductor a su casa ni en quién es el que verdaderamente se lo lleva calentito. Seguramente yo no sea lo que se llama un consumidor responsable al coger un Uber, pero el análisi ético se los dejo a otros. 

De momento, Uber ya está preparando su salida a Bolsa en Wall Street. El negocio va viento en popa. Aquella noche de nieve en París de diciembre de 2018, Travis Kalanick y Garrett Camp no imaginaron que la imposibilidad de encontrar un taxi les brindara la oportunidad de desarrollar una idea que 10 años después está valorada en unos 100.000 millones de dólares, lo que para una idea basada en la llamada economía colaborativa no está nada mal. 

El caso es que Uber acaba de cumplir 10 años desde el lanzamiento de UberCab, una app para smartphone con la que “basta con pulsar un botón para conseguir un viaje”, según la empresa estadounidense, y ahora hace lo propio con el transporte de mercancías por carretera con el lanzamiento de Uber Freigth en Europa, después de dos años de funcionamiento del sistema en Estados Unidos.

Uber Freight pone en contacto a empresas entre sí, pero también hace posible que las compañías puedan contratar de forma freelance a un conductor de camión para realizar un transporte en concreto. Según la empresa fundada en San Francisco, consigue “conectar a las empresas de transporte de mercancías de cualquier tamaño, ofrecer un precio final antes de su contratación, garantizar pagos rápidos y crear la oportunidad de reservar un servicio de transporte con solo pulsar un botón”. 

Uber ha elegido Holanda para iniciar su actividad en Europa  y seguirá introduciéndose en el resto de países, sin que se sepa aún la fecha prevista para su implantación en España, aunque será “en un futuro próximo”. Sin embargo, las administraciones europeas ven con recelo las iniciativas de esta plataforma. Como se ha visto en España, la conflictividad desatada con el sector del taxi han supuesto un freno a su expansión.

Aparentemente, Uber Freight basa su actividad en el uso de un software que pone en contacto a transportistas con compañías, algo que implica la sustitución del típico autónomo. Es complicado definir cómo se producirá la competencia de esta nueva app que llegará en los próximos meses a Europa, ya que el sector logístico europeo, altamente regulado,  funciona de forma diferente.

La economía colaborativa no deja de ser otro eufemismo más para “vender” al público las bondades del negocio.  Una vez que hemos abierto las puertas a la tecnología, ésta se cuela por todas las rendijas. Aún nos queda la Ley para protegernos. Si es que queremos o nos conviene.

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