Virgen

Miguel Jiménez

Los otoños son siempre calientes porque el verano es una alienación traicionera. Todos nos disculpamos mientras nos esparcimos, pero a la vuelta todos nos indignamos por el tiempo perdido.  Nos fuimos con medio año por delante y volvemos con la sensación de que el año entero se ha ido y los problemas ni se fueron y mucho menos se resolvieron. El asueto no mitiga ni siquiera la inquina.

| 11 septiembre 2019

Por eso se vuelve con las manos prestas para tejer las barricadas, como si la paciencia se hubiera agotado en la playa, como si el verbo retomar hubiera pasado en 30 días de límpida esperanza a chunga amenaza.

Regresados pues y arrojados a la septembrina olla hirviendo, toca aguardar a que la temperatura dicte sentencia, pues del calor podemos esperar desde salir cocidos, hasta asados, no sin olvidar que podemos quemarnos y, eso sí, provocar una explosión.

De cara a retomar el pulso al que es el conflicto logístico por antonomasia, me van a disculpar que les siga recordando un día más a Bernarda Alba.

“¡Ella ha muerto virgen!”, gritaba la vieja lorquiana mientras descolgaban de su horca a la Adela, toda una metáfora del “aquí no ha pasado nada” con el que seguimos engañándonos en el ámbito de la estiba.

Y es que algunos más que luto lo que han vendido es fiesta, gloria y algarabía por no sé qué conquistas que, ahora, por fortuna o por desgracia, se dibujan en el horizonte inmediato como ruedas de molino sin que parezca que sea viable ni comulgar ni mucho menos consagrar.

Aún así, tiempo habrá en las próximas semanas de diseccionar las profundidades de lo que ahora no cuadra mientras que, como aperitivo, permítanme poner en contraste ese doble escenario que patronal y sindicato mayoritario proyectan desde 2017, antítesis de las huellas de un conflicto que en un barrio dejó sonoras cicatrices y, en otro, apenas un imperceptible zumbido, casi como el disparo fallido de Bernarda contra Pepe el Romano.

Mientras ANESCO, fruto del terremoto sectorial, vio desencadenarse en este tiempo un maremoto interno que se llevó por delante a los consignatarios, escindidos hacia un entorno más natural; que se llevó por delante a una parte de las empresas, rumbo a una desconcertante Asoport; y que incluso situó en el limbo del descreimiento asociativo a otra serie de terminales, para, no lo olvidemos, redefinirse además completamente el liderazgo de la nueva ANESCO, todo un símbolo y un síntoma de lo aprendido y de la nueva realidad; Coordinadora, por su parte, sigue incólume, intacta, con grupos de trabajo internos, sí, atentos a la nueva realidad, pero ni los líderes, ni los inspiradores, ni las estructuras, ni las bases, ni los discursos, ni mucho menos las demandas han sufrido el más mínimo cambio ante la nueva realidad, que no es moco de pavo, por cierto.

Podremos pensar que todo es fruto de que ANESCO llegaba al conflicto debilitada y Coordinadora haciendo gala de su fortaleza proverbial.

Ahora bien, yo soy más de la opinión de que sumando lo inevitable y la voluntad por aplicar lo deseable ANESCO ha vivido una evolución lógica dada la magnitud del conflicto, mientras Coordinadora transita virgen porque las bases siguen anestesiadas en el aquí ni ha pasado ni va a pasar nada, hasta que llegue el despertar, que llegará.

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