Con un ojo mirando al cielo, el viernes se celebró una nueva edición de nuestra Fiesta de la Logística de Valencia. XXXIV ediciones y seguimos con la misma ilusión, trabajando para hacer la fiesta más grande, más logística, más solidaria. Más de 12.000 personas retaron a la lluvia y se vinieron a la cita de la familia de la logística más antigua del país. Porque citas logísticas hay muchas, pero con 34 añazos a sus espaldas y convocando a tantas personas, no tantas.
La Fiesta puso el punto y final a una semana intensita en la que no solo hablamos de la climatología. Conocimos dos hitos importantísimos, al menos, a mí me lo parecen. El primero: el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana confirmó que “otorga un alto grado de verosimilitud” a los argumentos de la Autoridad Portuaria de Valencia sobre los perjuicios que acarrearía la suspensión cautelar de las obras del nuevo muelle de contenedores de la Ampliación Norte del Puerto de Valencia.
En su resolución, el alto tribunal valenciano rechaza la solicitud presentada por Acció Ecologista Agró (que pedía la suspensión cautelar del acuerdo del Consejo de Administración de la APV que daba luz verde al proyecto constructivo del nuevo muelle de contenedores, donde estará la Terminal Norte) y lo hace volviendo a argumentar lo mismo que en otras ocasiones: la petición “se sustenta exclusivamente en un dictamen pericial” ya puesto en duda con anterioridad y que la Administración del Estado “juzgó necesaria” la ampliación del puerto de Valencia ante “la competencia de un gran puerto del norte de África”.
Y suma y sigue. Es que ya nada nos sorprende. Sinceramente, la judicialización extenuante de algunos proyectos, como este caso, supera con creces el correcto y necesario control de las actuaciones públicas en ámbitos tan sensibles como las infraestructuras estratégicas llamadas a perdurar en el tiempo por generaciones.